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Huellas de vidas transparentes

Lunes, 6 de octubre de 2008. Algunos nicknames y mensajes personales que pueden leerse en cualquier aplicación Windows Live Messenger:
- Nada que decir
- Destination anywhere
- ¡Hoy empieza El Internado!
- Guardas en tu boca las 5 letras de mi deseo
- Esperando que pase la tormenta
- No me akuerdo de nada, ke siiiii, cómo no…
- Bajo el sol de Marruecos

Llenaríamos líneas y líneas de pequeños comunicados con los que las personas de nuestro entorno manifiestan sus estados de ánimo, sus sensaciones, sus esperanzas, o simplemente cuentan lo que están viviendo o está sucediendo.

Son pequeñas trazas que muestran la esencia de vidas transparentes, más fáciles de encontrar entre los jóvenes de la “generación i” pero que también alcanza a los que fuimos la “generación X” y a los que, cuando todavía el mundo se movía en décadas, se les conoce como la generación de los 60, de los 70 o de los 80. Todos los que expresamos libre y públicamente experiencias personales y con cierto grado de intimidad entramos a formar parte del heterogéneo grupo social denominado “generación transparente”.

En Internet encontramos aplicaciones Web 2.0 que han nacido y se sustentan gracias a este fenómeno tan extendido. Es el caso de Twitter con su microblogging de 140 caracteres, con los micromensajes que miles de personas emiten cada día sobre sí mismos, sobre su trabajo y sobre sus vidas; y también de Flickr, que guarda textualmente lo que nos sugieren las fotos que publicamos. Y esto último, sabemos que es tremendamente subjetivo y que en cada momento una imagen nos inspira algo diferente.

En la tecnología móvil, hacemos microblogging con el uso del SMS y aunque esta forma de comunicación es básicamente one to one, presenta en esencia las mismas característias expresivas y va dejando nuestras huellas en otros a los que destinamos, a veces con extremo cuidado y dedicación, nuestros mensajes cortos.

Lo sorprendente de estas nuevas formas de comunicación y de expresión, más allá del estudio psicológico del comportamiento y de los cambios experimentados en el propio lenguaje, es que si estas micromisivas se almacenaran y se siguieran en el tiempo, se convertirían en diarios digitales personales no planificados, escritos sin intención futura consciente, que describen breves y/o intensas huelllas de nuestras vidas y de nuestras relaciones con amigos y amantes, con segundos o terceros, con nosotros mismos.

Frente a estas declaraciones de buenas intenciones, empieza a dibujarse otro lado, más agrío, la cara b de tan inocente e impulsiva muestra de sociabilidad: algunas empresas analizan los perfiles Web de sus candidatos. Ya no basta un buen curriculum. Te juzgan y no sólo basándose en tu profesionalidad.
Perseguidos en la Red. ¿Deberíamos acusar miedo, acortarnos, replegarnos?

Seidman escribe que, para la gente joven, esto significa comprender que la reputación de las personas va a quedar establecida a una edad más temprana que antes. Cada vez más lo que uno dice, hace o escribe terminará en la forma de una huella digital que nunca se borra. Nuestra generación podía meter la pata sin que esas metidas de pata aparecieran en nuestros currícula, que nosotros mismos escribíamos. Pero gran parte de lo que esta generación dice, hace o escribe quedará preservado on line para siempre. Mucho antes de que los empleadores lean sus currícula, los buscarán por Google.” (http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=923778)

Pero Internet permite observar a las personas, que ya no debemos llamar usuario, ni cliente, ni consumidor..., bajo diferentes ópticas: lo que hacemos, lo que decimos, lo que producimos. Cualquiera que no considere, revise, evalúe… las tres capacidades estará cometiendo un error. Y los errores siempre pasan factura.

Se conocerá un día en que todos seremos transparentes pues todos habremos nacido y vivido en similar generación, con idénticas necesidades y vivencias, y sucederá lo contrario: manifestarse incapaz de demostrar transparencia será precipitarse al vacío digital.


PD. Dejando huellas. Una de mis últimas entradas en Twitter: “Llueve en las esquinas de las aceras, en la hierba del parque, sobre los tejados de tu casa y de la mía...”.
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