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    19 de diciembre de 2014

Viva la duquesa

Educados en la falacia de confundir la dependencia con el amor, nos encontramos con que nuestras relaciones son de obligación. Me preocupo porque me importas, sólo piensas en ti, que me hagas esto con lo que yo he hecho por ti... y por ahí seguido, que decía querido Umbral, nos hacen, en vez de amorosos, presos y carceleros.

Se trata de que no se escape nadie, más que nada por no ver el propio encierro. Y así, como se ha visto hace mucho, los locos llaman loco al cuerdo para no ver su locura. De aquí que, cuando alguien se separa, sea típica la explicación de que se ha vuelto loco. Y hasta se consulte al psiquiatra: “Dígaselo doctor, dígale que está completamente loca”, le pide ansioso el marido al doctor Dyer, quien se ríe por dentro viendo las alas que van a echar a volar. Lo mismo pasa con las personas mayores que les da por tener pareja: vienen corriendo los hijos a decir que papá se ha vuelto loco, y para salvarle y de paso salvar la parte de herencia que no les corresponde (los dos tercios de libre disposición de papá) consiguen que le declaren incapaz y le ponen quietecito en el asilo.

El delito de vivir la propia vida atendiendo a la propia conciencia y no a complacer a los demás, inmovilizados repitiendo lo que se espera que hagamos, pasa por tener que aprender a vivir sin la aprobación de los demás, por distinguir el bien y el mal de lo que se supone correcto e incorrecto y por no sentirse culpable por hacer lo que uno quiera hacer, sin más razón, explicación o justificación. Y cuando uno actúa así, sean los resultados los que sean, se disfruta simplemente con probar. Uno tiene el derecho de correr riesgos, de pasar una época de inestabilidad emocional y de equivocarse: es lo que tiene vivir.

No nos gusta el novio de mamá, y ni falta que le hace a mamá. No sabe dónde se mete, y mejor para mamá, que vive, pues vivir es vivir en lo desconocido. Sigamos el consejo de Henry James: “Vive todo lo que puedas”, “el momento apropiado es cualquier momento que aún tienes la suerte de tener... ¡vive!” y, en consecuencia, deja vivir, incluso a mamá.
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