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    24 de julio de 2014

Quemar después de leer

“Quemar después de leer” es una peli en cartel, que se deja ver como deja oír la graciosa voz de Clooney entre ingenua e irónica. Si bien es comedia sin gran pretensión de mensaje, como quien no quiere la cosa, se burla del pensamiento positivo, que puede no resultar muy positivo a quien rema contracorriente en su frágil barca.

El divulgativo “The secret” ha transmitido estos dos últimos años lo que da como ley infalible: la ley de la atracción; pues al parecer uno atrae lo que piensa. De forma que si se piensa bien, se atrae, como por efecto de onda vibratoria, cosas, situaciones, personas... de la misma frecuencia: que están bien. El interior, así, no es causa del exterior sino al revés: las cosas salen bien porque se está bien. FEEL GOOD, escribe en la arena la autora al final de la película; ahí el secreto.

Y los Cohen ponen ahora a su protagonista, mujer de 50 poco agraciada, a aplicar la ley hacia un único empeño: poder hacerse 4 operaciones de cirugía estética; lo que logra, como la infalible ley promete, pero después de todo tipo de tragedias. Con tener gracia la cosa, no deja de tener trampa. Pues el deseo predeterminado e inamovible es el propio del animal; y en el hombre, lejos de hacerle sentir bien, resulta obcecación y ansiedad, ya que al satisfacerse no deja más que desear de nuevo, pues el fin es el fin. Precisamente por ello, al espacio que media entre el deseo y la satisfacción, con la posibilidad exclusiva del hombre de cambiar de fin, lo llama Freud cultura, que bien puede llamarse vida. Porque en la vida sana, libre, el fin es el pretexto y la satisfacción se sublima con los fines que por el camino se van superponiendo al inicial. Así es que se trata, más que de atar la vida con antojos concretos, de confiar en ella y permitir que nos sorprenda.
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