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    20 de octubre de 2014

Una lata

Se suele pensar que el que escribe disfruta leyéndose, y es verdad, en el momento que escribe. Escribir es leer al mismo tiempo; y escribir, aunque sea sobre tema encargado, tiene un componente creativo que hace disfrutar y abstraerse de todo lo demás. Así decía Umbral que escribir le daba consuelo y que hasta el miedo y el dolor se curan escribiendo.

Pero también decía que lo escrito es una lata, y de nuevo le doy la razón. En el calor de la escritura se disfruta, viendo cómo milagrosamente el río de palabras e ideas se pone en movimiento. Sin nada qué contar, sin ganas ni siquiera de opinar, se hace una vez más la columna de la nada; lo cual no deja de sorprenderme y de hacerme pasar un buen rato todas las semanas. Por poco ingenioso u original que sea el articulito, lleva algo que en ese momento importa, y se le ve la gracia de sacarlo a la luz. Y se envía con alegría, con sensación de decir algo que puede decir algo.

Y pasadas 24 horas, ¡ay!, pero ¡qué lata! Imposible volverlo a leer. Qué buen fin tenía la columna envolviendo el pescado del día siguiente, pero ahora sin papel parece que perduran más de lo que corresponde a su momentáneo interés. Y como lo publicado aun en el más remoto sitio, como por ejemplo en separata de congreso, te puede traer un admirador de la China, como le pasó a Antonio Truyol; o un reino, como a Javier Marías ¿quién sabe qué pueda traer Internet? Lo único es que llegue tarde, por venir de lo que ya sea una lata.
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