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    21 de octubre de 2014

Feliz año

La semana pasada sentí no felicitarles la navidad, pero todavía estoy a tiempo de desearles unos felices días y muy feliz año. Y lo voy a hacer copiando a mis vecinos, que, pese a ser extranjeros, me han escrito unos buenos deseos de lo más acertados y que estoy venga a copiar.

Les deseo que tengan en el 2009 PAZ, AMOR, ALEGRÍA, SALUD Y PROSPERIDAD. Es algo redundante porque cada uno de ellos conlleva los demás. Pero así, uno detrás de otro, se reafirman y el poder de la palabra refuerza su efecto.

Una cosa que me parece buena del fin de año y comienzo del nuevo, es la sensación, aunque sea sólo en el momento de tomar las uvas, de que hay un año abierto por delante, en el que todo puede pasar. Esta apertura, en verdad, es propia de la vida, por tanto de cada día e incluso de cada momento; sin embargo, solemos pensar que el día que empieza ya está decidido de antemano y no esperamos nada especial de él, más que repetir el de ayer. Así, efectivamente nada pasa porque para que algo inesperado suceda es necesario estar a nuestra vez abiertos a su posibilidad.

Esta apertura de contemplar un poco más allá supone, además, otra cosa interesante, que es que nada es definitivo, y esto viene bien recordarlo sobre todo cuando algo no sale como quisiéramos o nos parece que ha salido mal, pues lo cierto es que al instante siguiente puede volver a cambiar. Y pasa que el disgusto de hoy se convierte en la buena suerte de mañana, y se comprueba que muy pocas cosas son importantes. Por ello, les deseo también, como me lo deseo a mí, que conservemos cierto espíritu nuevoañero todo el año, cada día y cada momento. ¡FELIZ AÑO!
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