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    23 de julio de 2014

San Valentín

Cada año celebramos un poco más el día de San Valentín, cosa que congratula mayormente por si se aprovechara la ocasión. Es día que se presta a la expansión, a mirar a las estrellas para pensar en ese otro, patente o latente, encontrado o sospechado... amado.

Todos necesitamos amor y, sin embargo, no acabamos de acertar con ello. En la década pasada, se triplicaron los hogares unipersonales con solteros, cada vez de mayor edad; separados o divorciados y mujeres mayores de 65 años. Éste es el dato de una soledad que avanza en dirección contraria a nuestro más íntimo interés.

Algo falla; y el fallo generalizado se llama crisis. Nos ha tocado vivir en época de decadencia y profundo agotamiento, confundidos entre ideas inertes como muros despiadados contra los que nos damos. Un nuevo paradigma, más realista y complejo, empezó a latir hace ya algo más de un siglo, pero que, lo mismo, precisa de dos más para llegar al hogar. Como para entonces ya no estaremos para estas celebraciones, habrá que hacer algo para salir del paso, que va de la ilusión a la desilusión, del caduco aunque todavía vigente amor idealista.

No pretender solucionarse la vida con el romance y cultivar antes en uno lo que se quiera encontrar puede ser un camino, como propone una hojita vanguardista que me han dado hace poco, que viene a recordar que no se puede dar lo que no se tiene. Por tanto, amarse y disfrutar la soledad es lo que puede permitir amar y disfrutar una relación. Así, poder decir "sin ti soy feliz" es estar preparado para vivir en pareja y seguir siendo feliz. ¡Que lo celebremos!
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