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    22 de diciembre de 2014

De cilindros y otras figuras

Toda la vida pensando que era una chica más o menos proporcionada y desde la semana pasada me tengo que plantear en qué nueva clasificación como mujer debo integrarme. Cilindro, diábolo o campana. Bien, verse a una misma como un cilindro no es algo que ayude a subir la autoestima. Pero, sinceramente, aunque se da por hecho que lo mejorcito es ser una mujer-diábolo, como que tampoco acabo de visualizarme volando por los aires, empujada por un punky virtuoso. La posibilidad de ser una campana, por supuesto, ni me la planteo. De hecho, siento sudores fríos sólo de pensar que alguna dependienta despiadada tenga la ocurrencia, en un futuro, de aconsejarme que use el modelo campanil. Y por ello, he decido hacer un alegato a favor de todas esas mujeres que estamos hartas de que nos midan, nos clasifiquen y se empeñen en que nos pasemos toda la vida en un continuo tránsito.

Nos guste o no, es innegable que las mujeres siempre habremos de soportar sobre nuestros hombros el peso de la necesidad de sentirnos bellas y atractivas. El problema hoy en día es que se ha estandarizado un modelo de mujer muy concreto, que gracias –o por desgracia- a los grandes avances en materia de cosmética y cirugía plástica es un ideal imposible y artificial. Las revistas de moda y dirigidas al público femenino están llenas de rostros sin expresión, paralizados por el botox. De clavículas amenazantes y rodillas huesudas y frágiles. Y eso es sólo en el plano físico. A las mujeres de Occidente se nos exige ser un 10 en todos los sentidos: tenemos que ser 'diábolos' como Kate Moss, sentirnos liberadas y orgullosas de nuestra sexualidad como las protagonistas de "Sexo en Nueva York" , tener clase y estilo, una carrera profesional al máximo nivel y la sensibilidad suficiente como para ser una madre ideal. Todo ello, por supuesto, manteniendo una piel joven, un culo terso, labrado a base de horas de gimnasio y una pareja que conozca qué es el sexo tántrico.

Pues bien. Yo me planto. Lo único que quiero es ser feliz. Que antes de mujer, se me considere persona. Que todas esas revistas femeninas empeñadas en mostrarme la última hazaña de la primera mujer bombera de España y en darme consejos para ser una auténtica fémina del siglo XXI, me dejen en paz. Que no tenga que tener la sensación constante de que podría estar más delgada, ser más lista, más atractiva y tener más orgasmos. Pido una tregua para todas. Para las campanas, las cilindro y las diábolo. Para las madres, las escritoras, las señoras de la limpieza, las adolescentes… Dennos un respiro y déjennos encontrarnos a nosotras mismas.
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