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    2 de agosto de 2014

Bienvenidos al norte

“Bienvenidos al Norte” es película con gracia, que aunque no tan buena como dicen las críticas nos da para este artículo. Un hombre es destinado al Norte de Francia, con fama de triste, frío y lluvioso; con lo que su mujer, depresiva, se queda. Pero él se adapta bien, hace buena amistad con sus compañeros, y no hace tanto frío. Mientras, su mujer ya se ha montado la película de que el pobre lo pasa fatal, solo, sacrificado por la familia, y le corta a cada cosa medianamente buena que le cuenta; por lo que él acaba por seguirle la corriente a los horrores que ella imagina.

Y el matrimonio, que se llevaba fatal, empieza a ir sobre ruedas, se ve sólo los fines de semana y para colmo de bienes está ese peliculón de separación, sacrificio y dolor. Pero la mujer, como buena adicta al sufrimiento, necesita un día aumentar el chute y decide ir al Norte para ver y padecer los horrores personalmente. Y entonces él y los compañeros simulan todo lo peor, que resulta ser lo mejor para ella; y decide, para abundancia del peliculón, quedarse sacrificada por amor. Y ya no les cuento más por si la ven.

El caso es que todos tenemos la experiencia de amistades que sólo quieren oír desgracias, y que por satisfacerlas, que siempre se puede, luego nos quedamos menguados. Estamos dentro de una cultura que inculca el sufrimiento, y así más o menos todos, somos héroes con el aliciente de la adversidad o de la dificultad y nos sentimos incómodos, como invitados, en la tranquilidad; y enseguida nos encargamos de pagar caro cuanto bien tenemos. Así, se aparece ya el nuevo héroe como aquél que vive con gusto y en paz cotidianamente sin necesidad de grandes esfuerzos ni sacrificios; que, salvo problemas de salud, no son más que películas.
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