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    29 de agosto de 2014

Dinero

Es tiempo en que parece que preocuparse por la economía es lo normal e incluso lo sensato; y hasta el amigo rentista habla del paro y me pregunta que cómo lo veo. Pero una, sin ser rentista ni la alegría de la huerta, está sin pensar en ello; pues desde hace unos años confía su economía a quien en última instancia provee, y tiene comprobado que de este modo, con cierta confianza, todo llega cuando se necesita.

Pero, además, tampoco se ve la ganancia de tanto persimismo. Esto de estar entre datos negros con un pensamiento negro me recuerda el cuadro negro que tanta gracia le hizo a Ortega por tratarse de unos negros peleándose en un túnel; que lo mismo podían haberse besado, pues el cuadro sería igualmente negro. Y la cosa es que no hay obligación de estar en el túnel, menos ahora en primavera, que están los parques floreciendo y mostrando la abundacia que nos rodea, pese a cuanto se diga y crea. Y ahí puede estar parte del problema: en lo que se cree. Así, es curioso que donde no llega el hombre con sus creencias negras se den selvas frondosas, cascadas, infinitos colores... Como también que los que han nacido ricos, si se arruinan, vuelvan a hacer fortuna: simplemente no tienen ese límite mental y retoman su normalidad.

Las creencias que tenemos respecto del dinero son negras sobre todo porque están hechas un lío, y ahí el túnel. Por un lado lo denostamos: "vil dinero", cuando no es más que energía que cada cual con su uso califica, según su sentir y entender; pues, como sabemos, cabe vivir la abundancia con bondad y la miseria con ruindad, esto es, que se trata del cómo y no del qué. Y por otro, paradójicamente, hemos hecho al dinero, al hábito, más que monje, dios; y así cuando falla temblamos, sin acordarnos de los millones de células de nuestro cuerpo, del sol, del agua... ni de tantos verdaderos sustentos. Si lo dejáramos en su lugar, como un medio de intercambio y no como algo sucio ni principal soporte de nuestra vida, lo mismo no se espantaría ni nos llevaríamos tanto susto si en un momento se va. Además, cuanto más es el eje de una vida menos suele merecer la pena conservarla, por lo que quedarse sin dinero puede ser una buenísima oportunidad para descubrir, sin él, una vida mucho más rica; y también de liberarse, pues como escribió Umbral, cuando no se tiene dinero se da uno cuenta de que no se necesita.
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