cabecera
    24 de julio de 2014

El feminismo machista

Llevamos ya décadas viendo cómo las mujeres, a la vez de criticar a los hombres, se entregan a la carrera de imitarlos, pero de puro absurdo no lo acabábamos de ver como para decirlo. Y, como otras veces, viene el perspicaz y suelto Ortega a escribirlo: “Feminismo: el hombre como lo mejor”.

No es nada nuevo que se critica lo que se envidia, ni menos sabido que las revoluciones más que crear derechos cambian los privilegios de mano. Y así, a comienzos de la Revolución francesa, cuenta Ortega que la carbonera le dice a la marquesa: “Señora, ahora las cosas van a andar del revés: yo iré en carroza y la señora llevará el carbón”. Que a todos nos toque ir en carroza alguna vez puede estar bien, pero pretender el imposible, ser lo que no se es, como vivir como un hombre siendo mujer, es lucha además de perdida desgarradora.

Y de ahí muchísima confusión y sufrimientos con abortos incluidos. Se nos ha repetido tanto que ser ama de casa y criar a los hijos es el mismo demonio, que las mujeres, sin plantearnos duda alguna, llevamos el bebé a la guardería, para pasar liberadas en la oficina las horas de sol a sol. Se dirá que es por necesidad, pero lo cierto es que no se necesita el acopio de chorradas donde va a parar buena parte del mileurismo logrado.

Comprenderá el señor Rajoy que no está la solución en unas semanas de más o de menos, sino en apreciar como merece la educación de los hijos, que si bien requiere la labor de los padres, también la de las madres. Y, de momento, con unos y otras montados en la carroza, veremos dónde llevan estos niños que hoy llamamos hiperactivos y estas niñas que, semana nueve o dieciséis, sueltan a sus hijos como carbón.
Compartir en Meneame