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    1 de octubre de 2014

Mr. Toynbee y D. José

Llevamos unas semanas, mis compañeros y yo, dedicados a editar el curso que dio Ortega en Madrid entre 1948 y 1949 “Una interpretación de la Historia Universal. En torno a Toynbee”. Nos está dando muchísima lata, pero también nos está encantando y sorprendiendo, y hasta a veces me hace reír en alto. El texto es genial y de gran mérito desde muchos puntos de vista. Para empezar por las circunstancias difíciles del momento, por el calado de su contenido, que rozaba con la sospecha de la censura y, como les digo, por el tono, pese a todo, tan gracioso con que está escrito. Va a cambiar mucho la nueva edición, pues estamos siguiendo el manuscrito, y no la transcripción de la grabación del curso. Así es que les recomiendo que, este otoño, cuando salga en el tomo IX de las Obras completas, lo lean y pasen unos buenos ratos.

En este plan distendido, Ortega aplica su método de la razón histórica, esto es, va a la raíz de los hechos, para dar cuenta del hombre y sus creaciones a lo largo de la historia, saliendo al paso de cada jardín en el que, con alegría, esto es, obviando los hechos, se mete Toynbee. Pasaba entonces que éste era un afamado historiador de la influyente Inglaterra, y el otro un hombre silenciado de la marginada España.

Un año después, la vida sentó juntos a estos dos hombres en una cena en Londres; uno sin saber apenas del otro y el otro sabiendo del uno más que él mismo. Y por ese no saber y saber, uno continuó tranquilo como riguroso historiador y el otro dejó un curso magistral, con la prueba de estar muy lejos de haber querido ir contra un hombre, sino, una vez más, de despertar ante toda beatería. Y en el cielo, se entenderán.
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