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    28 de julio de 2014

A real phoney

Esta semana, en homenaje a Onetti, ha dicho Vargas Llosa que aquél entendía la literatura como sacrificio de sí mismo. No puedo dar ni quitar razón al escritor peruano pues no conozco al autor uruguayo, pero sí parece que esta “entrega total” es frecuente entre los intelectuales, como también tendencia humana en general. De ahí el workalcoholic de cualquier oficio y condición, la madre abnegada que controla la vida del hijo o el enamorado que se entrega a sufrir por un amor imposible. Son distintos collares del mismo perro: la evasión.

Huir de la vida es interés antiguo de todos; como también pretender hacer del vicio virtud, y así se puede oír llamar a la droga muleta para el alma, como a estas otras evasiones sacrificio. Pero ya no se ve virtud en el sacrificio, como tampoco en el deber ni en, siquiera, el más benévolo compromiso. Es más, visto el plumero, diría que es más fácil ser Aquiles que padre de familia. Por heroico que resulte un gesto, al ser a costa de la propia vida no denota más que el vacío de ésta; de ahí que se entregue a cualquier altruismo.

Puestos en ficción, menos cuentista parece Jarnés, que reconoce recogerse en sí mismo para que no le estimulen deseos que de antemano cree no poder satisfacer; y que el tedio a que le llevó evitar la decepción desembocó en escribir. Así lo explica mi compañera Azucena López Cobo en un bonito artículo que le dedica titulado por ello “Ficción verdaderamente falsa...”. Y más gracia que este hacer literatura con la tragedia de la vida tiene vivir la vida como alegre literatura, al estilo de Audrey en “Desayuno con diamantes”; pues, como dice de ella un enamorado con admiración, es “a phoney, but a real phoney”.
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