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    25 de octubre de 2014

EL IMPARCIAL ha asistido a una y se lo cuenta

Así es una reunión de mujeres Tupper sex

Desde hace un par de años se ha popularizado la venta de juguetes sexuales en España. Pero para muchos esto todavía es tabú, sobre todo para las mujeres. Para que la compra de este tipo de productos sea más sencilla y asequible se ha introducido en nuestro país la moda del “Tupper sex”. La dinámica de estas reuniones es muy sencilla: un grupo de amigas, una casa acogedora, algo para beber y picar, poco pudor y muchas ganas de aprender y pasar un buen rato.
El mundo de los juguetes sexuales todavía es muy desconocido, sobre todo para las mujeres, a las que les puede el pudor. Para que todo sea más fácil, se han instaurado en España las sesiones de Tupper sex, en las que un grupo de mujeres hablan y conocen el inmenso mundo de la juguetería sexual. ¿Quiere conocer como funciona?, EL IMPARCIAL ha asistido a una y se lo cuenta.

Los cuarenta grados que abrasaban Madrid aquella tarde no impidieron que se celebrase la tan esperada reunión. Mientras aguardábamos a nuestra invitada de lujo, sillas, vasos y risas nerviosas llenaban la terraza con vistas al edificio de Plaza de España.

Cuando sonó el telefonillo, todas corrieron a ocupar sus respectivas sillas, como niñas disimulando la llegada de su maestra. Pero, en este caso, ni éramos colegialas ni la que llegó es una profesora, o si. Es Ana María, la encantadora asesora de la Maleta Roja, una de las empresas que organiza reuniones de Tupper sex. Como buena anfitriona, la recibí en la puerta mientras miraba de reojo el tamaño de la famosa “maleta roja”. Con una enorme sonrisa Ana María tomó asiento. Comienzó la reunión.

La asesora rompió el hielo con una breve introducción al maravilloso mundo del Tupper sex, sus orígenes y los de su empresa. “El Tupper sex deriva de las reuniones de Tupperware que se organizaban en EE UU y en las que se intercambiaban y se informaba sobre esos recipientes ahora tan comunes”, explicó Ana María. Con el tiempo, se pensó que este tipo de reuniones presentaban un formato muy interesante- suelen ser reuniones de amigas- para introducir “ciertos productos en el mercado femenino, como es caso de la juguetería sexual”, comentó la asesora.

Tras aclararnos en qué tipo de reunión nos habíamos metido –por si alguna no se había enterado ya- Ana María abrió su maleta. “Hoy empezamos por el postre”, dijo mientras sacaba cajitas de diseño de su famosa maleta y enciende un vela. “Es para crear ambiente”, comentó. “¿Dónde están los consoladores? ¡Yo creía que nos ibas a enseñar juguetes!”, protestó M. R., otra de las asistentes. Ana María la tranquiliza asegurándole que, después de conocer la “cosmética erótica”, los juguetes no nos gustarían tanto. “Pero no te preocupes, todas preguntáis por lo mismo”, aseguró.

Una fiesta para los sentidos
Nuestra maestra abrió uno de los botes y sacó un plumero. “Son polvos mágicos”, dijo mientras acariciaba el brazo de T. G con las plumas. “Ahora pruébalo, te va a gustar”. Todos los productos de la Maleta Roja son comestibles. “Sabe a algodón de azúcar”, exclamó T. G. Ana María recomiendó aplicar este producto después de la ducha porque “de esta forma se adhieren con mayor facilidad”.Una a una probamos ese maravilloso sabor de la infancia convertido ahora en juguete erótico.

De la maleta roja emergen aceites de masaje con sabor a melocotón, cremas hidratantes y aceites con efecto calor. “¿De verdad que todo se come?”, preguntó C. P. Ya animadas, todas curioseamos, olimos, probamos y examinamos la textura de cada nuevo producto en la piel.

Durante la reunión, Ana María nos explicó que entre los asistentes a un Tupper sex hay personas de veinte años y también de 50: “Vienen madres de 40 años con sus hijas de 20, y suelen ser las madres las que ponen más entusiasmo”.

Ninguna de nosotras sabía lo que nos depararía la velada. El siguiente producto “tenéis que probarlo sí o sí”, sentenció la asesora mientras nos muestra un pequeño frasco de cristal. “ Esta cosita se llama ‘Volaré’". Tras tanta “’delicatessen erótica’” me lancé la primera hacia el bote. “Yo lo pruebo”, dije. Como buena alumna seguí al pie de la letra los consejos de la maestra. El resultado fue instantáneo.

Aparezcí de nuevo en la terraza con una gran sonrisa. Al ver mi expresión, el resto de la “tupper sexianas” se abalanzaron sobre el bote.
Tras el revuelo formado por “Volaré”, Ana María finalizó la muestra de cosmética erótica con los lubricantes. “Son un fondo de armario, algo que todas debemos tener en nuestra mesita de noche”, explica. Todos los lubricantes de la Maleta Roja están compuestos por una base de agua “porque así podéis combinar su uso con el de otros juguetes”.

La cosmética erótica conforma un sinfín de fragancias y texturas para erotizar todo el cuerpo y dar más sensaciones y placer.

Los juguetes ya no son para los niños
Por fin lega el momento que M. R. reclamó al principio de la reunión: los juguetes. “A eso quería llegar yo”, exclamó la interesada.
Como si de una Mary Poppins moderna se tratase, Ana María sacó de su maletín las clásicas bolas chinas. C. P. comentó que ella se tiene unas y que le habían decepcionado mucho. La gente piensa que este juguete produce un orgasmo constante “pero nada más lejos de la realidad”, explicó Ana María. “Esta cosita nos ayuda a fortalecer los músculos de la vagina, hacerlos más fuertes ante futuras pérdidas de orina”, comentó. Nos aclaró también que es muy útil “para las embarazadas”. La hermana de M. R. acaba de dar a luz. “Se lo recomendaré”, aseguró mientras las bolas pasan de mano en mano.

Ana María descubrió los secretos de su maleta con un claro criterio: de menor a mayor. Le tocó el turno a “Laya” un curioso estimulador que vibra con diferentes velocidades y programas. “Esto es para las más vagas, no tienes más que sentarse y que el ‘aparatito’ haga el resto”, explicó. “Es como sentarse en una batidora”, comentó C. G. “Pero mucho más agradable”, puntualizó M. A.

Acto seguido Ana María sacó de su maleta a “Piccolo”, un pequeño vibrador que estimula el punto G. Este juguete fue rebautizado con el nombre de “mi primer consolador” porque “su tamaño y su forma no imponen tanto como uno normal”, comentó M.A. El ambiente cada vez es más distendido, me pregunto si sería por los cócteles de T. D. o por la naturalidad de la asesora.

Poco a poco descubrimos un mundo nuevo. Anillas vibradoras con forma de “conejito” y “Manolo”, un consolador realista de 18 centímetros nos sorprendieron. Pero no a todas. Dos de las asistentes, M.S. y A.S., ya tienen un “Manolo” en su vida y “funciona”, aseguraron.

Nuestras caras de asombro iban en aumento a medida que Ana María sacaba cosas de la maleta. Y todavía nos esperaba un último juguete: el “Conejo Rampante”, el padre de todos los vibradores. Este aparato se hizo famoso de la mano Samantha, una de las protagonistas de la serie “Sexo en Nueva York”. “Cuando ella se lo compra se pasa una semana sin salir de casa”, dijo Ana María. “¿Quién necesita salir teniendo eso?”, exclamó C. G.

Pero la reunión ya tocó a su fin y , tras la muestra de esta “fiesta de los sentidos”, llegó el momento de comprar. El revuelo se apoderó de nuevo de la casa. Habíamos llegado con la idea de “comprar algo, pero nada en especial” y ahora lo queríamos todo. Ana María sacó una última cosa de la maleta: una máquina para pasar tarjetas, “para hacerlo más fácil”, dijo la asesora. Todas compramos, mucho. “La semana que viene podréis disfrutar todas vuestras compras –explica- en la maleta sólo llevamos las muestras”.

Nuestra introductora en el mundo del Tupper sex se fue. Y, por delante, nos quedó una larga semana.
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