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    3 de septiembre de 2014

Carolyn y John John

Se cumplen 10 años del accidente de avión que se llevó, como especie de vaticinio, a esas otras dos torres que eran John John Kennedy y Carolyn Bessette.

Nada sabemos de ellos, pero veíamos sus fotos con gusto. “Una imagen vale más que mil palabras”, y es cierto que, por mucho que uno cuide su imagen, siempre hay algo detrás, quizá la propia alma que la sostiene, que se escapa al propio control, y que da cuenta del nivel como de fondo desde el que se vive: más o menos externo, más o menos veraz. La mirada de frente o ausente, el gesto más rígido o más en paz, la seriedad o la sonrisa... son signos, síntomas, muy difíciles de fingir. De ahí que tengamos, dentro de esos conocidos desconocidos que nos son los famosos, nuestras simpatías.

Y me simpatizaban. Me resultaban naturales y cálidos; y me daba la sensación de que disfrutaban y se querían, cosa que, aunque parezca mentira, no es tan fácil. Parecían prueba de que es posible una vida, a la vez, privilegiada y sencilla como, también, primar la vida privada siendo celebridad. Se casaron, como dicen los que invitan a 500, “en la más estricta intimidad”, sólo que con menos de 50, en una playa modesta, él de corbata, y ella con un vestido que hizo su compañero Narciso Rodríguez, entonces desconocido.

Por entonces, yo era lectora, sobretodo los veranos, del VOGUE americano, pues tenía la virtud de transportarme a las calles de Nueva York estando, como estaba, entre vacas; y me dolió la poquísima mención, apenas una página de las finales, que le dedicaron a Carolyn Bessette en el nº de agosto de 1999. Hoy pienso que debieron sentir hasta cierta liberación. Pues cada foto de ella, efectivamente, tiraba por la borda cuanto pudiera recomendar la famosa revista. Era de una sobriedad que prescindía de todo lo que se anunciaba como imprescindible cada temporada; incluso de las medias en invierno. Y esa pequeña liberación me ha quedado de ella.
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