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    24 de julio de 2014

Madrileños por España

Primero soñamos con vivir en el extranjero y luego se va ganando mundo, y se llega a la conclusión de que da igual donde se viva, pues lo importante depende de uno. Pero, con todo, la vida en la ciudad puede pesar. A mi amiga María y a mí nos divierte darle vueltas a una solución alternativa a la curranta, cara e insatisfactoria vida madrileña. María ve el programa “madrileños por el mundo”, y me cuenta las andanzas de unos, en Sudáfrica, que se han forrado congelando pescado; de una que vende con éxito en Chicago manzanas con el logo de las empresas; de otros que viven una grata vida en Nueva Zelanda; o de otros una más rumbosa en Bali... Cada semana, una posibilidad, un sueño hecho realidad, un ¡venga, nos vamos!

Esta conversa suele incluir posibilidades que se nos ocurren en nuestra España, donde sabemos, de acuerdo por una vez con el tópico, que se vive muy bien. Pero de momento no se nos ocurren más que empresas difíciles y requetevistas, como envasar zumo de naranja en Murcia o hacer sandalias en Baleares... Y al final vamos a parar a un trabajo sin más pretensión en Málaga; porque el caso es vivir más despacio, más cerca de la naturaleza, del mar, con más ocio...

No sé si algún día nos iremos, pero una cierta apertura hay, aunque sea flotando, y lo mismo un camino, una señal, un día, nos alejan de esta ciudad, por otra parte, querida, animosa y acogedora. Estos días pasados, de vacaciones, he conocido dos estupendas ciudades, por tanto, dos posibilidades de vida agradable más: la poco conocida Cartagena, y Cádiz, que hasta, por si entrara la morriña, tiene un Jesús de Medinaceli en la fachada de atrás de la vieja catedral.
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