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    1 de octubre de 2014

Sexy autoestima

La actriz Olivia Wilde nos ha dicho esta semana que la confianza en sí misma es lo que le hace parecer sexy. Precisamente eso, quisiera una, ser sexy, digo: confiada, en fin tanto da. Ser sexy, tener atractivo, atraer, parte de un estado de confianza que viene a decir “acércate”. Pero de hecho nuestra seguridad funciona mejor en la distancia, con nuestra intimidad a salvo; así que más bien lo decimos de lejos y ya de cerca cambia la cosa. De ahí el amor romántico, y el gusto por beber champagne en un zapato de tacón de la más lejana.

¡Ah, la lejanía! todo sueño, todo anhelo, todo quizá algún día; todo en orden... Y, en esas, asoma el amor: Pero, ¡qué bien!, ¡qué suerte!, a mí, precisamente a mí, el sueño. Ea, ¡venga el sueño! Y viene el sueño un día, otro día y otro... Y una voz bajita va subiendo el tono: “oye, no tan rápido, no tan cerca, vamos a ver...” “¡Calma!”, clama el miedo cuando ya nos ha invadido con su ejército de depredadores. En la mujer es típica la caída de la autoestima: ¿Se irá?; y en los hombres la agresividad, discutir por todo... Pero hay otros muchos guardianes que se intercambian y suceden, para apenas dejar resquicio a algún momento de efectiva calma por el que se vuelva a colar el amor, pues efectivamente desconfiados, hipervulnerables no estamos sexys.

De vuelta en la lejanía, “es que me da pereza”, “es que no es esto lo que quiero”... Y con todas las explicaciones sin explicación; confundidos entre malas hierbas, no vemos el bosque. Aunque la sola confianza de ver que son malas hierbas propias de todo bosque permitiría que se fueran con el primer sol mañanero, y se diera en él una confianza cada día más sexy.
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