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    30 de octubre de 2014

Whatever works

Woody Allen, ya lo sabíamos, está mayor; si no de muy buen ver, que el hombre, como también sabemos, es delgaducho, sí diría que de buen sentir. Los años a veces nos hacen más rígidos y herméticos, pero otras nos sueltan y esponjan, y éste, creo, es su caso.

Todas las columnas son la misma columna, decía Umbral; y todas las películas de Allen son la misma película, se podría decir también. Todas dando vueltas a las vueltas que sobre sí mismas, como hamsters dentro de la rueda, dan las relaciones de pareja, por si acaso, al intentar ver desde fuera, se pudiera entender algo. Y nada… Años y películas sin entender nada.

Pero últimamente parece que ha entendido algo, que le funciona, y lo quiere compartir. Por un golpe de la vida, un divorcio que llegó a las televisiones y lo que es peor –como dice– a los abogados, su imagen se resquebrajó y, como no hay mal que por bien no venga, no tuvo más que reconocerse que ya antes había roto viejas creencias que aunque bien establecidas no le funcionaban.

Lo que te funcione, si no hace daño a nadie, adelante; la vida es tuya, está para disfrutarla y es corta. “Es más tarde de lo que piensas”, terminaba diciendo en “Todos dicen I love you”, y vuelve a decirlo cerrando esta última peli.

Mi compi Pipe que sabe de todo, pese a que el director le dice que no entiende la filosofía de Ortega, me cuenta que esto ya lo cantó Lennon en el 74 y me lo canta: “Whatever gets you thru the night ‘salright, ‘salright … whatever gets you thru your life ‘salright, ‘salright … whatever gets you thru the light ‘salright, ‘salright …”. Así es que desde aquí pido para él la dirección adjunta, o al menos interina, aprovechando que el dire anda en París; y para los demás lo dicho: Whatever works.
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