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    28 de julio de 2014

Auténticas conversaciones falsas

El lunes me contaba un amigo que, en una época de juventud, fue mucho a San Sebastián, y que sus amigos y él tenían a bien hablar a los vascos en vasco. Lo cual, como ni unos ni otros sabían vasco, con sólo intercalar una palabra conocida por todos, por ejemplo cerveza, la cerveza venía.

Buena solución hubiera sido ésta para los hermanos nicaragüenses antes de pagar una cuadrilla de traductores para entenderse con los catalanes en el parlamento catalán. “No se preocupen, que les hablamos en catalán”; y, con los cuartos ahorrados, ala, a aprovechar el día de vinos y panestumaca, en catalán.

Pero tenemos inculcado que lo alto es tan alto que no caemos en que a veces disolver el miedo con un poco de sentido del humor es también cosa de sentido común. Lamentamos, pues, la estrecha hospitalidad cosmopolita catalana; como también, por lo mismo, la rigidez de la presentadora Isabel Gemio, al llamar impresentable a quien hacía un momento había entrevistado, creyéndolo catedrático especialista en medios de comunicación. Al hombre le llaman de la radio y le preguntan por la televisión, y lo normal: que es muy mala, que sólo se dedica al cotilleo con la de cosas interesantes que hay. Entonces, la presentadora sale de su error y, no admitiendo su error, le insulta por “usurpar la personalidad” del catedrático, con el que finalmente comunica y que viene a decir otras perogrulladas, sólo que de menor interés: que son tiempos difíciles, que los medios sólo tratan de sobrevivir económicamente y que, sin atreverse a hacer predicciones arriesgadas, sí cree que los pequeños desaparecerán y los grandes sobrevivirán; insistiendo muy nervioso, a cada momento, en que lo importante es que no le confundan con el anterior. Se conoce que el catedrático se toma muy en serio y que, como la señora Gemio, desconoce que la entrevista fingida es género de humor que sirve, como enseñó Mariano de Cavia y luego Márquez Reviriego, para consultar con Napoleón o Darwin cualquier percance que se presenta, lo cual está muy bien, pues nunca se sabe de dónde puede venir la solución; y lo mismo si le dejan hablar un poco más al menospreciado ciudadano nos arregla los medios de comunicación.

Así es que a una, más que un error, le hubiera gustado que hubiera sido un cachondo que, en efecto, se hubiera atrevido a suplantar al especialista para contestar tranquilamente cuanto se pregunta allí, en lo alto: en televisión. De momento, nos ha alegrado, esta semana, saber que una pareja de Virginia, Tareq y Michaele Salahi, se han colado en un ágape de la Casa Blanca, han charlado y se han fotografiado con el vice Biden y lo han pasado la mar de bien. Pues parece saludable recordar que hace poco nos repartimos los papeles que representamos en este gran teatro que es el mundo, y lo mismo dentro de otro poco nos los volvemos a repartir. No nos los tomemos tan en serio.
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