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    30 de julio de 2014

Calor de hogar

Nos ha informado el periódico de que la actriz Angelina Jolie ha urgido a su marido Brad para que regresara al hogar porque cuando no está cerca se apoderan de ella los mismos “sentimientos horribles” que tenía cuando era joven e intentó suicidarse, y que entonces Brad la tranquilizó: “Te prometo que siempre estaré ahí para ti y los niños”, y de inmediato cogió el avión.

Y ha llegado la Navidad, con sus celebraciones y correspondientes regresos al hogar, no al compartido conyugal sino al de los padres o ya de los hermanos, que nos retrocede un año más a las mismas sensaciones de siempre.

Y es que, según se ha organizado, es preciso un hogar familiar donde pasar las fiestas de Navidad; y, antes de eso, de toda organización, se precisa cariño. Y se organizó el cariño en un intercambio de exigencias y concesiones, por lo que nos han dado pelmacería en vez de cariño, nos han agobiado y manipulado con el cariño y, ahora, nos da miedo el cariño, y la Nochebuena aprensión.

Se comprende que el calor de hogar es un calor difuso, tranquilo, moderado, agradable y no una sauna a puerta cerrada. Pero lo cierto es que a fuerza de costumbre pasa, aunque no seamos actores como Angelina y Brad, que sin drama no sabemos querernos, y creamos disgustos, preocupaciones y enfados para poder sentir. Pero eso que se siente no es cariño sino sustituto que lo tapa y que hasta oculta su necesidad que soterrada nos complica la vida de mil otras formas. Así es que si nos acostumbráramos a mantenernos en una paz en principio sosa, lo mismo descubriríamos el sabor del cariño respetuoso, del hogar y hasta de la Navidad. Que tengan una Feliz Navidad… al menos sosa.
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