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    24 de noviembre de 2014

Algo pasa en Hollywood

Fui a ver “Algo pasa en Hollywood” con gusto de ver a Robert de Niro y Bruce Willis, que son actores que ya se siente que tienen las películas contadas, y que no veo que los sustituyan todos estos actores nuevos de cuyos nombres y caras no hay manera de que me acuerde.

Robert hace su típico papel de hombre contenido, que traga sin permitirse reconocer sus sentimientos para no añadir por su parte problema alguno. Pero un buen día puede coger la pistola como en “Jackie Brown” o romperse en una depresión, como parece que podría pasar en ésta. Pero aguanta, y tira del carro de su pesada y destartalada vida.

Productor de cine, colgado del móvil entre los problemas de la película por estrenar y los de la nueva por rodar, ya necesaria para mantener a sus dos ex en sendas mansiones, mientras él vive solo en un apa modesto, va entre atascos de un lado para otro, de un cole para otro, viendo cómo sus hijos y sus propios deseos se le escapan.

Le duele la soledad, le duele el novio de su segunda ex, le duele el dolor de su hija de 16 por una aventura amorosa con un conocido mujeriego; y algo pasa, algo que no se ve ni se alcanza a saber qué es, pero que le impide, como un muro insalvable, poder hacer algo, dar un rumbo, encontrar una solución.

Quisiéramos la felicidad de los hijos, y no está en nuestra mano pese a procurarles el bienestar que está en nuestra mano; quisiéramos la felicidad, y la vida nos pasa por encima de nuestros sentimientos e intenciones sin encontrar el timón que la conduzca.

Como ven, este fin de año me pilla melancólica. Dos años llevamos juntos hablando de las bondades del pensamiento positivo pero que, como todo, tiene sus momentos y que, como podrían ya suponer, lo que les cuento me lo cuento también a mí. Así es que nos deseo muy feliz 2010, y que procuremos cada día de sus 365 dar con el timón que nos oriente hacia nuestros verdaderos deseos de paz, amor y prosperidad.
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