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    1 de septiembre de 2014

Bien pensado

Si la inteligencia ayuda a ser feliz, y la felicidad viene de la aceptación amorosa de uno y lo demás, y ésta de la comprensión, la inteligencia nos lleva a un estado de apertura constante, pues comprender algo nunca se comprende del todo, como tampoco se posee del todo la verdad. Por eso habría que mirar todo constantemente de nuevas, y saber que en este momento veo las cosas así aunque es probable que sean a la vez de otras maneras que me gustaría descubrir.

Pero gusta opinar y de hecho este gusto nos reúne aquí todas las semanas. Aunque pesa también, pues cada vez que uno se pronuncia sobre algo está poniendo límites para seguir descubriéndolo y comprendiéndolo. Por eso, puestos a opinar, no conviene tomarse muy en serio las opiniones de uno ni de los demás, pues por verdad que sean son sólo un aspecto de la verdad y se podría opinar a la vez otras muchas cosas que en principio pudieran parecer contradictorias y que no son más que otras tantas caras complementarias de la verdad. Y esto no por relativismo mal entendido de que tanto da una cosa que otra, sino por el relativismo objetivo o complejidad con que se nos muestra la verdad, inmersa en mil relaciones y por tanto siempre dispuesta a ampliarse.

Hay algo por encima de nuestras ideas, pues. La voluntad y el gusto por la verdad, por la comprensión y la felicidad, nos llevan del severo vivir del ayatolá al más saludable, descansado y bien pensado “sólo sé que no sé nada”. Todo está abierto. Así, junto a mis últimas opiniones, cabe decir, entre otras cosas, que falta no le hace a Miley Cyrus a sus 17 vivir con el novio y menos a los padres acogerlo, que bien podría aguantarse hasta los 18 pero que si no, pues que se independice y así se entere de que hay que hacer la compra, limpiar… y de paso vea el gusto que tiene el novio en colaborar. Por su parte monseñor Munilla dice con verdad que hay corrupción, doble moral e incoherencia, y, a falta de poder poner multas, amenaza con quitar la comunión, que es lo que tiene en su mano hacer, y con ello algún toque de atención da, que no viene mal. Con esto espero, más que recuperar el aprecio de algún apreciado lector, que esta reunión que mantenemos los domingos nos la concedamos con apertura, por el gusto de reunirnos y de comprendernos.

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