cabecera
    23 de octubre de 2014

Ketut Liyer

Les hablé ya de Elizabeth Gilbert, y de un curandero de Bali que con un dibujo de una figura con cuatro pies plantados en la tierra, unas flores en lugar de cabeza y un rostro en el pecho mirando el mundo con el corazón, le indicó cómo hacer para disfrutar la vida sintiendo a Dios. El curandero, Ketut Liyer, le dijo también que volvería, y así fue: “Yo soy ese tipo de persona que si un curandero indonesio me dice que estoy destinada a irme a Bali a pasar cuatro meses en su casa hago todo lo posible por cumplirlo”.

Y contó su vida y enseñanzas en su bestseller. Entre otras cosas, que no sabe cuántos años tiene, que, dependiendo de lo cansado que esté, dice “puede que hoy tenga 85” o “creo que hoy tengo 60”. Lo describe calvo, de ojos vivarachos, con cejas algodonosas largas, de piel rojiza, desdentado y muy parecido a Yoda de La guerra de las galaxias. Y compartió la meditación balinesa que le enseñó, que yo procuro practicar: meditar con una sonrisa en la cara, una sonrisa en la mente y una sonrisa en el hígado; pues esta última le dijo que la haría una mujer muy guapa y conseguir lo que quisiera en la vida, y ahí precisamente quisiera una llegar a parar.

El caso es que yo soy ese tipo de persona a la que le hace gracia este tipo de personas que se van a Bali a estar con un curandero, y le recomiendo el libro a mi amiga Jud, también de ese mismo tipo de personas. Y me manda hoy, recién venida de Bali, dos fotos de Ketut entre ella y su santo esposo, más recomendación para mí del mismísimo Ketut, pues, sin que ella ni yo recordemos por qué, tiene una foto mía de carnet, y allá se la enseñó, y le dijo al verla que tengo muchos miedos que me impiden vivir la gran vida que me espera, que medite y reciba mucha energía en el chakra siete de la corona para que se abra y me permita vivir. Quedamos, pues, a la espera de la gran vida para poder contársela a ustedes para mayor alegría de los domingos, pero sabiendo de momento que esa gran vida es un pañuelo.
Compartir en Meneame