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    23 de noviembre de 2014

San José

Gracias a San José este fin de semana ha sido más largo. Poco sabemos de este santo: Buen hombre; carpintero que, más que muebles, haría tejados; y, lo más importante, padre de Jesús.

Pero curiosamente este padre por excelencia, patrón de la familia, fue padre adoptivo, esto es, no biológico como se dice hoy, o putativo como se decía entonces; y tampoco se casó, pues la virgen estaba comprometida con Dios. Lo cual no impidió que para los efectos de la tierra: cuidara, protegiera y acompañara a María y a Jesús, como buen marido y padre, hasta el punto de que así lo reconociera la Iglesia, pese a las normas que rigen para los demás mortales.

Lo cierto es que ser padre, más que cosa biológica, es parte natural de la vida del adulto. La humanidad es la familia, y vamos en cadena por edades, recibiendo y transmitiendo saberes, como un pasar la antorcha de la vida. Todos somos hijos y todos somos padres.

Este orden de vida y amor supone recibir primero lo que nuestros padres nos han dado. Sin embargo, con frecuencia nos negamos a recibirlo, y juzgamos y rechazamos lo que nos dan, porque creemos que tendrían que darnos más o que tendrían que darnos otra cosa. Pero es evidente hoy, ya adultos, que lo que nos dieron fue suficiente. Nos dieron la vida, y ya no tenemos edad de seguir lamentando lo que no nos dieron, sino de darnos nosotros mismos cuanto queramos.

Liberar a nuestros padres de nuestras exigencias, comprender que hicieron lo que supieron, que ellos tampoco venían de la casa de la pradera, y que hasta el maltrato conlleva una enseñanza que nos hace ser el que somos, es un buen regalo que les, y nos, podemos hacer por el día del padre. Pues, cuando agradecemos de corazón nuestra vida, tal y como es, permitimos que ésta nos dé cuanto está deseosa de darnos.
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