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soprano eslovaca

Una [i]bravissima[/i] Edita Gruberova pone en pie al Teatro Real

Anoche, los fans de la soprano eslovaca la esperaban ansiosos en el Teatro Real y no dudaron en lanzar entusiastas aclamaciones antes, incluso, de que comenzara a cantar. La Orquesta Titular del Teatro Real, Orquesta Sinfónica de Madrid, dirigida por el alemán Michael Gütter, acababa de inaugurar la velada con la poderosa obertura rossiniana de Guillaume Tell, cuando apareció Edita Gruberova en el escenario, dispuesta a ofrecer un escogido programa que aseguraba al público esos grandes momentos a los que la soprano ha acostumbrado a sus seguidores a lo largo de su extensa y exitosa carrera.
Con Lucrecia de Borgia de Donizetti y Beatrice de Tenda de Bellini, heroínas cuya profundidad Gruberova aumenta con su poderosa voz y su primorosa técnica, inició su triunfante primera parte del recital programado dentro del Ciclo Grandes Voces de la presente temporada del coliseo madrileño y que el próximo miércoles 23 de marzo podrá escucharse en Radio Clásica de Radio Nacional. Y muchos escuchaban ya con la boca y las manos listas para premiar a su diva con una pasión más propia de los conciertos de rock que de los escenarios líricos. Pero fue justo antes del entreacto cuando el público se confesó sobrecogido por su poderosísima interpretación del difícil aria “È strano!... Ah, fors’è lui… Sempre libera” de La Traviata.

Por eso, no era de extrañar que a la espera del inicio de la segunda parte lo que más se escuchaba en los corrillos fueran verdaderas expresiones de admiración por parte de esos incondicionales que presumen de seguir a Gruberova por todos los teatros del mundo, junto con aquellos, los menos, que admitían que no se esperaban que, a sus 62 años, la eslovaca estuviese tan evidentemente en forma.

La segunda parte contó con dos piezas musicales de extremada belleza, como la verdiana “La forza del destino” y la sofisticada “Meditación” de Thais, de Jules Massenet, interpretada impecablemente, transmitiendo toda la paz y dulzura que destila la pieza. Aún así, para la mayoría de los asistentes los momentos de verdad parecían ser únicamente aquellos en los que Gruberova salía al escenario y deleitaba con su inmensa personalidad tímbrica e interpretativa. De modo que, después de interpretar, con su conocida expresividad y su impacto dramático, el aria de I puritani de Bellini y el de Hamlet de Thomas “A vos jeux, mes amis”, el público no se daba, ni mucho menos, por satisfecho. En realidad, tampoco pareció estarlo después de los dos bises que ofreció la artista: un aria de Linda de Chamonix de Donizetti y el aria de Adele de Fledermaus de Johan Strauss, en el que la veterana soprano dio rienda suelta a su interpretación más cómica provocando incluso risas entre el público que, después de casi 15 minutos aplaudiendo y cuando ya no quedaba ni los miembros más rezagados de la orquesta, aún seguía en pie esperando para saludar a su adorada soprano.
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