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    31 de julio de 2014

Del MOMA al Tribueñe

Informa el periódico de que hasta el 30 de mayo podemos ver en el MoMA de Nueva York una retrospectiva de la artista de la performance Marina Abramovic. Para quien no sepa, como yo, qué es esto de la performance y quiera ponerse al día aquí varios ejemplos de performances de esta artista, con su correspondiente explicación --de wikipedia-- por si hiciera falta: Ejecutar “el juego ruso de dar golpes rítmicos de cuchillo entre los dedos abiertos de su mano”, a cada corte, tomar un nuevo cuchillo y grabar la operación. Tras cortarse veinte veces, escuchar los sonidos grabados y tratar de repetir los mismos movimientos y errores, “uniendo de esta forma el pasado y el presente”. Otros: Lanzarse a una estrella gigante en llamas mojada en petróleo --de la que la sacaron sin conocimiento-- para “revocar la energía del dolor corporal extremo”; tomarse una píldora para la catatonia y, a los diez minutos, otra para personas violentas, y así por arte de las sacudidas y posterior inmovilización general “explorar las conexiones entre mente y cuerpo”. O “una de las más exigentes”: permitir al público manipular su cuerpo con 72 objetos --entre ellos, cuchillo, látigo, pistola-- manteniéndose impasible “para probar los límites de la relación entre el artista y el público” que, tras el inicial pudor, “empezó a actuar muy agresivamente”.

En esta ocasión, se conoce que los años no pasan en balde, la artista se limitará a sentarse mirando fijamente a una silla vacía en medio de su retrospectiva, un total de 716 horas. Sin entender apenas de arte, sí me atrevería a decir que el arte de esta señora ha mejorado.

Todos necesitamos amor y cada uno lo reclamamos como Dios nos da a entender, y a Marina finalmente la ha iluminado para que se quede sentadita tan agustito. Y como de todo hay en la viña del Señor, el jueves fui al teatro Tribueñe a ver “Por los ojos de Raquel Meller”, que les recomiendo a todos los que les pueda apetecer “respirar ahora” --como dice su director Hugo Pérez--, con el saber moderno que entiende y ama, y por ello recrea y reaviva, lo clásico; nuestros cuplé, zarzuela, tonadilla, copla… Gran actriz y gran voz la de Maribel Per y grandes actores todos: Vadía Albayati, Belén González, Irina Kouberskaya, Iván Oriola, Carmen la Pica y Chelo Vivares. Y al final de la obra, allí se quedaban encantados “hasta las cuatro” a ensayar. Cosa que Marina, visto el samur, resuelve ahora con un paseo para estirar un poco las piernas. El gusto por el arte o el cuento del arte, ahí la cuestión.
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