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    23 de noviembre de 2014

Universitarios con disciplina militar

La carrera militar requiere esfuerzo pero no dinero

Ya no hace falta estudiar una oposición para ingresar en una academia militar. Finalizado el Bachillerato y superada la selectividad, tan sólo necesita pasar unas pruebas psicológicas, otras físicas y de idiomas para ser admitido como aspirante a oficial. La formación, la uniformidad y manutención es gratuita. Además, el alumno recibirá mensualmente una remuneración que ronda los 200 euros. Superados cinco años de estudio, el cadete obtendrá dos títulos: uno militar y otro civil. Una oportunidad muy jugosa que en esta época de crisis merece la pena ser considerada.
Los jóvenes que el próximo septiembre pongan por primera vez el pie en alguna de las tres academias generales -Academia General Militar de Zaragoza, Academia General del Aire de San Javier y Escuela Naval Militar de Marín- serán también universitarios. No habrán necesitado pasar por una oposición porque, al igual que en cualquier otra universidad, el ingreso en los centros de formación castrense se regulará de acuerdo con la nota de selectividad. Además, dadas las características de la profesión militar, se realizarán pruebas psicológicas, físicas y de idiomas.

Los admitidos serán los primeros en recibir una enseñanza que conjuga el Plan Bolonia con la Ley de la Carrera Militar. Las academias incorporan los nuevos Centros Universitarios de la Defensa (CDU) donde los alumnos presenciarán clases de Ingeniería Industrial, estudios civiles que compaginarán con los castrenses. Regulados por lo tanto por Bolonia obtendrán el título civil de grado universitario, siempre y cuando superen los exámenes.

La Academia será su casa durante cinco años. Estos peculiares universitarios convivirán día y noche con sus compañeros. Comerán y se alojarán en el centro. Uniformados de arriba abajo, los cadetes recibirán de sus superiores instrucción militar. Aprenderán a desfilar y a manejar el armamento. Acudirán a clases de navegación, de equitación, de vuelo, de topografía, de física, de geografía, de historia, de relaciones internacionales… Harán deporte, viajarán al extranjero, Estudiarán idiomas, Participarán en programas de “Erasmus” en el extranjero… Y se harán mayores.

Clase en la Academia General del Aire. Foto: Mde.es

Saldrán como oficiales de la Academia preparados para servir a España y representarla en los diferentes lugares del mundo. Nada conseguirán sin su esfuerzo pero en cambio, no les costará ni un duro. La formación de élite de estos jóvenes es gratuita y, no sólo eso, está remunerada.

Sus profesores les enseñarán a adquirir liderazgo para que tras cinco años de carrera tengan la capacidad, con 25 años, de estar al mando de una unidad.

Los que quieran ser suboficiales entrarán en sus respectivas academias con las mismas condiciones. Sus estudios en este caso, abarcarán 3.400 horas lectivas comprendidas en tres años de formación. Aprobadas las asignaturas pertinentes recibirán el título de Técnico Superior de Formación Profesional.
Según el nuevo Reglamento de ingreso y promoción y de ordenación de la enseñanza en las FAS, no se adquirirá la condición de militar si previamente no se ha obtenido la titulación civil correspondiente.

Como era de esperar, esta integración de la enseñanza militar al sistema educativo general conlleva un aumento de la carga docente pero, según aseguran los expertos, no lo hará de forma desmesurada.

Lo complicado para los caballeros alumnos será compaginar la disciplina militar con las libertades universitarias por estar inscritos en dos centros de formación muy diferentes: la academia, con dirección e instructores militares, y el centro universitario (CDU), cuyo rector y claustro de profesores son civiles.

Los CDU, adscritos a las universidades de Zaragoza, Cartagena y Vigo, están regidos por una normativa universitaria que reglamenta la celebración de elecciones para designar a los representantes del alumnado. Pero los cadetes tienen sus derechos restringidos por lo que no podrán celebrar ni elecciones ni asociarse.
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