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    24 de julio de 2014

108

Con santa paciencia se me ha explicado la conveniencia de titular estos artículos con alguna palabra que pueda dar una pista de lo que el artículo trata, y así animar a leerlos y sumar a los lectores fieles algunos otros por conocer. Pero hoy tenemos de título lo que puede ser el colmo: un número, el 108, y la verdad es que con cierta premeditación, pese a mi sincera intención de enmendarme. Pues cuando cumplí el artículo número 100 esperé, para darles las gracias, a este 108. Así es que: muchas gracias a los lectores, al director, al editor, al presidente, a los compañeros y trabajadores de este periódico por mantenerlo vivo para compañía de todos.

Nada sabía del 108, y nada sé, salvo algunas campanas que me han ido llegando desde que una profesora de yoga me recomendó que repitiera 108 veces “yo soy salud perfecta” cuando estuve enferma, lo repetí sin mucha convicción ni constancia y la enfermedad se esfumó antes de lo previsto. En ésas me di cuenta de que unos collares que había traído de la India tenían 108 cuentas, y luego Elizabeth Gilbert, que compone su bestseller de 108 capítulos, contó que se llaman Japa Malas y que los hindús usan para repetir los mantras, pues es considerado el número más afortunado, “un perfecto dígito de tres cifras, múltiplo de tres y cuyos componentes –como todo múltiplo de nueve: 18, 27, 45…-- suman nueve, que representa la plenitud, y que es tres veces tres”. Y el tres representa el supremo equilibrio, o a Dios: supremo amor, suprema sabiduría, supremo poder.

Y como una está por encontrar el equilibrio pues festeja el 108 más que el 100. Y ya saben, si van por Lavapiés se compran un Japa Mala, y como dice mi amiga Patricia, “ya me lo ha explicado todo Isabel: Yo soy la pera, yo soy la pera, yo soy la pera…” y que Dios con ayuda del 108 provea cuanto afirmen que son.
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