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    26 de octubre de 2014

Mataji y los conejillos

Hemos tenido noticia esta semana del yogui Prahlad Jani, alias Mataji, de 83 años, que lleva, desde que una diosa lo bendijo a los 8, sin comer ni beber y, de paso, sin la correspondiente necesidad de cuarto de baño; todo lo cual, en Guajarat, al norte de la India, será ventaja.

Mataji se ayuda con un tentempié de yoga y meditación, por lo que se dice que es “breatharian” --como vegetariano, sólo que respiratoriano. Y los científicos le han estado haciendo análisis y vigilando con cámaras día y noche durante dos semanas, como a E.T., o a la sirenita. Parece mentira que a estas alturas sigamos tan incrédulos… Increíble pero cierto, no todo lo explica la barra de pan. La tierra flota en el universo, y Mataji tiene buen aspecto: vestido con una túnica de un alegre rojo coral, pelo y barba blanca, y una mirada caramelo intensa, que observa tan campante cómo corretean a su alrededor unos conejillos con batita blanca.

Retirarse, abstenerse, es una opción que puede encontrar la paz tan buscada, pero no deja de tener algo de huida y renuncia, y el caso es que no acaba de tentar. Como decía Ortega de la cultura, es el yoga para la vida y no la vida para el yoga. Y hacemos yoga para aprender a vivir, que es gozar.

Muerto el perro se acabó la rabia, pero ¿por qué tomarla con el perro y no con la rabia? Tememos al deseo, por cuanto puede suponer necesidad. Pero si el deseo es la felicidad y no la realización de un objetivo concreto, las metas se hacen cambiantes, y la satisfacción aparece en cada momento, que siempre es un paso necesario de nuestro camino. En este año santo, por ejemplo, muchos hacen el camino de Santiago pero no parece que por ir a Santiago, pues si así fuera cogerían un avión. Se quiere el camino, gozar del paisaje, andar, hacer amistad, comer, beber, reír, besar… Y a veces se llega a Santiago, otras a Puebla de Sanabria, y otras una señal te hace girar hacia Gibraltar; y es el mismo camino y el mismo deseo: vivir de acuerdo con uno mismo.
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