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    2 de octubre de 2014

Dorota y Gasset

En el Centro de Estudios Orteguianos donde trabajo, nos ha acompañado estos tres últimos meses una becaria de Polonia. Don José hace fichajes de lo más variado, y de los sitios más remotos; y Dorota ha visto que no es tan rara y que “hay gente pa to”, pues ha coincidido en este tiempo, que yo recuerde, con brasileños, mejicanos e italianos, estudiosos como ella de la obra de Ortega. “Me encanta muchísimo Gasset, su humor, siempre tan interesante y divertido; cuando lo lees ya no puedes olvidarlo, no puedes dejarlo, y estudiar a otro”, nos explicaba.

Cuando hacía un día primaveral decía: “Hoy hace un día de la vida como en Madrid”. Nos contó que “la vida como en Madrid” es un viejo dicho polaco, que significa buen vivir, porque tienen a Madrid como una ciudad amable, elegante, alegre, con buen tiempo… “Qué buena actitud la del pueblo polaco”, apostillaba mi compañero Enrique con su agradable sensatez.

Por Pascua nos trajo unos huevos que parecían de madera, como de artesanía africana; los bañó con la piel de una cebolla y luego con un alfiler pacientemente los llenó de grecas. Total que nos los comimos, como símbolo de recibir la vida nueva. Y, al despedirse, nos ha regalado unos libros de Polonia con preciosas fotografías para animarnos a que vayamos, que nos han dejado animados.

La llevamos al cementerio de San Isidro a saludar a Gasset, pero estaba cerrado, y nos consolamos comiendo en Casa Mingo; Dorota, disfrutando el momento muy agradecida, dijo que recordaría siempre esa comida. Y le dije que sí, que ésa era la vida, que según Gasset para lograr una existencia satisfactoria sólo hay que ponerse a tono con las realidades gratas, como le dijo al amigo de su hijo Miguel, Francisco Vega, en una comida con Marañón en La Nicolasa de San Sebastián. Este tocino de cielo, la presencia de ustedes dos, y estas dos rosas en el florero…
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