cabecera
    22 de julio de 2014

Los cerebros del futuro

Un banquero ruso de 35, Innokenti Osadchi, ha contratado a la empresa KrioRus para que congele su cerebro tras su muerte, en la confianza de que cuando futuras tecnologías lo permitan, lo trasplantarán a otro cuerpo, haciéndole vivir de nuevo. “En caso de fallecimiento, la única oportunidad ahora mismo es la crioconservación (…) los vampiros, el paraíso, el infierno y todas esas cosas sobrenaturales o religiosas no son reales”, afirma este amante de la realidad, que es de suponer que hile algo más fino haciendo las cuentas en el banco, donde al parecer se gana la vida; y de ahí venga su interés en obsequiar al mundo con la presencia de su cerebro, de nuevo.

Por su parte, Velentín Gristenko, director del Instituto de Criobiología ruso, ya le advierte que es un fraude, pues sólo las células reviven después de la congelación, los órganos se deshacen. Pero aquí no se duda, tanto en que la ciencia llegue un día a poder acoplar el cerebro de éste buen hombre hasta en una tortuga, cuanto en que lo vaya a hacer. Desconocemos cuán convincentes sean las instrucciones que dejará KrioRus a los científicos futuros, pero cabe pensar que esos hombres futuros sean tan descuidados que ni las lean y pongan el cerebro de otro que pasaba por allí el día antes, a la tortuga.

“No damos garantías, pero sí decimos que sería estúpido no intentarlo”, responde Danila Medvenev, gerente de KrioRus, otro cerebro, suponemos, apalabrado también para este cada vez más incierto futuro. Y para mayor abundancia, el dilema moral: ¿Se puede congelar a los allegados sin su consentimiento? Entonces Innokenti afirma de nuevo con rotundidad que “tras la muerte, la persona no puede negarse”, y que “no dudaría de congelar el cerebro de su madre”; y aquí es donde cabe atisbar cierta chispa en ese cerebro no tan innokenti y por ende albergar cierta esperanza para el futuro, pues si bien no lo dudaría, lo cierto es que de momento la congelación del cerebro de mamá queda por contratar.
Compartir en Meneame