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    30 de agosto de 2014

Vaya torito

Bueno, pues, Cataluña prohíbe las corridas de toros, esa “ágil danza ante la muerte en que el hombre revela una vitalidad lujosa y rebosante, que busca el peligro para extraer de él, con elasticidad sobrada, la victoria”, y que según Ortega representa el discurrir de la vida verdadera. Pero allá películas, y para qué toros ni peligros pudiendo vivir desde la barrera.

Y, lo que es la vida, debemos el desenlace de la milenaria fiesta a una “iniciativa legislativa popular” de la “plataforma” Prou, que lidera el argentino Leonardo Anselmi, que reside en España desde 2002, y que presentó en el Parlamento 142.478 firmas contra las corridas de toros, de las cuales 140.000 se las proporcionó otra organización, World Society for the Protection of Animals, de ciudadanos de 120 países de todo el mundo.

Sabíamos que “to el mundo es bueno” pero no hasta este punto de que hermanos precisamente de todo el mundo fueran a dar solución a esta empecinada tradición nuestra, con lo que tendrán en sus 120 países. La verdad es que se me escapan unos cuantos, pero calculo que pueda nuestra deuda alcanzar al mismo Congo. Tampoco sabemos si el filántropo Anselmi se dedica a algo más o si, como me temo, sólo se emplea en darnos este servicio impagable. Y digo impagable, pues según las cuentas de la “plataforma” de los empresarios taurinos, la Administración deberá indemnizarles con alrededor de 300 millones de euros en virtud del llamado “lucro cesante”.

Y aquí, lo mismo, la ilimitada misión de Anselmi nos busca la ruina, porque tanto él como la portavoz de Prou, Jennifer Berengueras, han manifestado que, si bien había motivo de satisfacción, no de celebración, pues “queda mucho trabajo por hacer”. Así es que conviene aprovechar para comer tomates, entre tanto los 140.000 hermanos no dispongan dejarlos tranquilos en la mata.

Pues que cierre La Monumental José Tomás. ¡Salud, y al toro!
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