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    22 de diciembre de 2014

Inception: Origen

“Todo empieza en una idea”; “somos lo que nuestro subconsciente piensa que somos”, fundamentó Napoleón Hill en 1937; lo divulga El secreto, y millar de biólogos, físicos, psicólogos y neurólogos; y lo explica Christopher Nolan en su última película de ficción y, sin embargo, tan real como la vida misma.

“La crítica priva al hombre de su iniciativa, destruye su poder de imaginación, limita su individualidad, le quita la confianza en sí mismo, y le daña de cien formas diferentes… debería ser considerada un crimen”, escribió Hill. Y por lo mismo dice Leo, en la peli: “una idea es una infección, se extiende como un virus, crece como un cáncer: el hombre está poseído por ella”. Tenemos, pues, la realidad cambiada. Soñamos nuestra verdad, y en la realidad vivimos una mentira aprendida y creída inconscientemente.

Pero ahora ¿cómo implantar la verdad consciente “puedo” para sustituir la mentira inconsciente que nos domina “no puedo”? Tanto Hill como Nolan entienden que el sentimiento ha de abrigar a la idea nueva para que ésta se implante y la transmutación se logre. Es esencial, pues, “que estimule sus emociones positivas como fuerzas dominantes de su mente, y quite importancia y elimine las emociones negativas”. Pero con esto la lucha ya está en marcha, y la incesante acción de la película también. Al asomar la brillante idea, mil pensamientos, recuerdos y emociones: troyanos, depredadores de la psique, “proyecciones” -los llama Nolan-, acuden al acecho, para disuadir por enésima vez del intento. Unos se van reconociendo y, pese a que se repiten una y otra vez, con limpios tiros se les puede apartar; pero hay muchos niveles en el subconsciente que hay que perforar. Y de quedarse en uno, dice Nolan, la condena es vivir por siempre en el limbo, vivir una nueva ficción.

En el fondo, están los más arraigados; y con todas sus armas, chantajes y cuestionamientos, juegan con la inseguridad y culpabilidad mientras se les ruega que se vayan. Y al enfrentarlos, se comprenden, se reconoce que han hecho un servicio, que han construido una vida, pero una vida que hoy ya no se siente verdadera.

Dejar los viejos pensamientos conlleva, además de mucho ejercicio, mucho valor decía Hill, pues a veces supone, como muestra Nolan, dejar caer nuestro mundo hasta ese momento, con todas las grandes construcciones que habíamos levantado, al borde del mar, aunque de espaldas a él.

Pero “¡los soñadores prácticos no abandonan!”, dice Hill. Y una nueva vida empieza con una sola idea.

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