cabecera
    19 de septiembre de 2014

Atraco al ladrón

Un infeliz, Mark Smith, de 59 añitos, amenaza en una sucursal bancaria de California con hacer explotar una bomba, que dice llevar en la mochila, pidiendo dos mil dólares. Viéndole principiante, la directora le dice “que lo que en realidad necesita es pedir un préstamo” y, mientras el hombre lo considera, llama a la policía, y le detienen.

Ya sabemos que no está bien atracar un banco, aunque no lo debemos tener muy claro porque en las pelis siempre vamos del lado del ladrón. Además de que gusta soñar con la posibilidad de empezar una vida nueva, lejos, en un paraíso maravilloso, con todos los problemas ya resueltos… Que luego el paraíso exista y que la vida se dé maravillosa es otro cantar, pero al que no alcanza la peli ni el soñar. Por lo mismo, he sentido saber de la detención de este aspirante a atracador que, con lo que se habrá pensado el atraco, no aspiraba más que a dos mil dolarillos “para pagar el alquiler de un amigo suyo”. Pero claro es que, por más que se simpatice, con esa explicación y ese plan, no se llega al paraíso ni se sale de pobre.

Y también es de sentir que el buen arranque de la directora fuera a parar en la policía, cuando de haber continuado con la mente abierta ya tenía al hombre encaminado a hacerse con el préstamo, y por magia de los respetables intereses bancarios, haber resultado el atracador atracado.

Esta maravillosa vida abierta en la que nos movemos tiene la gracia de permitir dar la vuelta a toda situación que se nos presenta; sólo nuestras creencias la fijan y dramatizan. Por eso, esta directora, que ya cuenta con cierta chispa inicial, puede, por ahí seguido, copiar a ese millonario de los seguros que decía que las mejores ventas de su vida habían sido a gente que le había dicho que no; y presumir con que sus mejores clientes son personas que la intentaron atracar.
Compartir en Meneame