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    19 de septiembre de 2014

Ortega y Gasset, a la vanguardia de la sociología

En 1940, escribía Ortega: “Desde hace cinco años ando rodando por el mundo, parturiento de dos gruesos libros que condensan mi labor durante los últimos dos lustros anteriores. Uno se titula Aurora de la razón histórica, y es un gran mamotreto filosófico; el otro se titula El hombre y la gente, y es un gran mamotreto sociológico. Pero la malaventura parece complacerse en no dejarme darles la última mano (…). He vivido esos cinco años errabundo de un pueblo en otro (…), y debo decir que si no he sucumbido en tanta marejada ha sido porque la ilusión de acabar esos dos libros me ha sostenido cuando nada más me sostenía”. En 1934, en efecto, había dado una conferencia en Valladolid titulada “El Hombre y la Gente” y, posteriormente, en 1936, otra en Rótterdam; como, luego, varios cursos: en Buenos Aires, entre 1939 y 1940; diez años después, en Madrid, entre 1949 y 1950; y finalmente, en tres ciudades alemanas: Hannover, Hamburgo y Múnich, en 1953. Más de veinte años, pues, de reflexión hay detrás de El hombre y la gente, obra en la que se ocuparía hasta el final de su vida.

Como es sabido, Ortega muere el 18 de octubre de 1955. Apenas un mes antes, al final del verano, había visitado con Paulino Garagorri las cuevas de Altamira. Y a la salida, me contó su discípulo que Ortega le dijo que estaba trabajando en el origen del lenguaje, o lo que era igual, en el origen del hombre y de la sociedad. Don Paulino lamentaba cincuenta años después que Ortega no hubiera tenido al menos un año más de vida, “un año en la vida de Ortega era mucho”, decía con toda la fuerza que podía para llenar las palabras. A su muerte, hijos y discípulos lamentaron que el maestro no viera publicada esa obra en la que llevaba trabajando tantos años, y no dudan de que el primer libro póstumo que se publique sea el curso de El hombre y la gente impartido en Madrid.

El hombre y la gente y La razón histórica eran dos grandes obras estrechamente relacionadas. Una ofrecía las claves y la estructura que posibilitaba explicar el mecanismo histórico; la otra, en consecuencia, mostraba la historia como una gran etimología. El hombre no se da flotando en el aire sino dentro de una sociedad y, por tanto, es, a una, un ser personal, social e histórico. Dar razón histórica del hombre suponía, pues, dar cuenta del origen de la sociedad y ello, a su vez, dar una explicación de la Historia. “El intento leal de una sociología”, que es El hombre y la gente, conllevaba, pues, ponerse frente a “los temas más pavorosos de la ontología general”, como dice en 1941. Por ello, la sociología de Ortega está muy lejos de las sociologías al uso, que tratan a capricho uno u otro problema puntual, sea la drogadicción en los jóvenes, sea la mujer en el trabajo... Ortega es un filósofo que trata filosóficamente el tema social, por tanto más que una sociología es una “prima philosophia” de lo social, que va a la raíz, al objeto mismo de la sociología, a su naturaleza; a lo obvio que por obvio suele ser obviado; para empezar: saber qué es eso que llamamos sociedad.

Desde esa perspectiva filosófica, concibe Ortega lo social como un enorme sistema de usos o vigencias, pues comprende con el macroconcepto “uso” a toda la realidad social. Por lo que tan uso es el lenguaje, el tenedor como una norma moral jurídica o de recetario de cocina: todos son productos culturales vigentes, que se usan. A esta amplitud se añade la complejidad, a la altura de la ciencia de su tiempo —a la altura de las partículas elementales—, para concebir la realidad en gradación, sin delimitaciones exactas. Todo lo cual abre una nueva forma de percibir lo social que a mi parecer clarifica sin precedentes su comprensión, y que está en buena medida todavía por descubrir y aprovechar. Tan sólo menciono algunas de las importantísimas consecuencias para la sociología como para la filosofía jurídica: la complejidad en la nota de irracionalidad modera el célebre cosismo de Durkheim, al entender que lo social no es pura cosa, sino más exactamente cuasi-cosa: “una realidad peculiar intermedia entre el hombre y la naturaleza”, entre lo vivo y lo inerte; puesto que de afirmar que es pura cosa habría que asumir su completa irracionalidad. Por otro lado, localizar la naturaleza social, y con ello de lo jurídico, en su vigencia, y no en su coacción, permite acceder a toda la realidad jurídica en su complejidad y así poder afirmar sin quebranto el carácter jurídico del Derecho Internacional, del Derecho Canónico o del Derecho Natural, cosa para la que se han quedado imposibilitados cuantos desde Kant han querido ver en la coacción la nota esencial del Derecho, o cuantos, como Kelsen o Weber, han hecho depender su existencia del Estado. O, por último, la complejidad en la nota de utilidad le evita caer en la simpleza de algunas teorías funcionalistas, pues si bien gracias a los usos el hombre “llega a ser algo así como hombre”, también lo es que toda “sociedad está siempre cargada de usos no solo inútiles, sino dañinos”.

En los comienzos de mi tesis sobre la teoría social de los usos, me dijo un profesor: “lea, lea El hombre y la gente, no espere más, me temo que no tiene usted tesis ahí ni para empezar”. Y lo leí, y me preguntó con seguridad: “Y ¿qué?, y nada, ¿verdad?”, y no supe qué responder. Pero seguí leyendo a Ortega, hasta leer toda su obra y volví y volví a El hombre y la gente. Y Ortega me dio todo, la estructura, las preguntas y las respuestas hasta de los más pequeños resquicios que se me ocurrían, y con todo veía que aprovechaba una mínima parte de lo que puede haber en El hombre y la gente, y hasta prescindí de hacer un capítulo previsto sobre el Estado, porque vi que había material para otra tesis, que de hecho está haciendo un compañero.

El hombre y la gente me consta que es una obra desbordante, y me parece que con todos los textos de Ortega pasa un poco lo mismo: bajo una apariencia de sencillez, hay mundos comunicados. Se lee y se vuelve a leer, y se lee por primera vez. Bajo la apariencia de sencillez de El hombre y la gente hay más de veinte años de reflexión de un pensador y, en la vida de este pensador, un año era mucho.

Les dejo con el deseo de que disfruten uno de los textos inéditos que acompañan a El hombre y la gente en el tomo X de la nueva edición de Obras completas de Ortega y Gasset.

Isabel Ferreiro ha participado en el equipo investigador del Centro de Estudios Orteguianos encargado de recopilar las Obras Completas de Ortega y Gasset.



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