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    22 de septiembre de 2014

Libia o el embrollo Sarkozy

En mis escritos previos quedaba más que clara mi postura ante la posibilidad de una intervención militar occidental en Libia contra ese Gadafi dictatorial que precisamente nuestros líderes occidentales habían apoyado tan decididamente durante años. Dejé bien claro también que me parecía una sublime incongruencia hacer negocios con Gadafi y venderle armamento a tutiplén para luego rasgarse las vestiduras por su política, prestarse a bombardear Trípoli e imponer la exclusión aérea sobre el cielo de Libia, en lo que se gestaba como una nueva operación occidental de espaldas a la opinión pública del mundo árabe, que es mucho más que los delegados de la propia Liga Árabe.

A los poquitos días del inicio de la operación Odissey Dawn ya empiezan a leerse titulares sobre las fisuras que surgen entre los aliados, la falta de descoordinación en los ataques, la ausencia de una estrategia a largo plazo, y la amenaza de que árabes y africanos empiecen a alzar la voz contra la operación occidental, que dicen algunos “no responde a lo acordado en París”. El embrollo en el que nos ha mentido la megalomanía sarkozyana (y la ineptitud de muchos otros gobernantes estilo Zapatero) empieza a adquirir dimensiones globales con consecuencias muy serias. Sin embargo, en España parece que la corriente mayoritaria (como siempre) sigue sin enterarse de qué va la película. Me fascina la irreal visión que se tiene de todo en nuestro país; y no me refiero solo a nuestros manipuladores gobernantes, sino también a la inmensa mayoría de comentaristas. “Ya era hora”, “es nuestra responsabilidad”, “Europa debe ser protagonista en Libia”, “lo hacemos por la defensa de la democracia”, “hay que apoyar a los rebeldes demócratas en Libia”, y demás titulares surrealistas. Y sobre todo, lo más importante para el gobierno socialista español, líder de la ineficiencia y la patraña política, ha sido repetir sin parar lo de que “la intervención en Libia, a diferencia de la de Irak en 2003, es humanitaria, cuenta con el respaldo de la ONU y no se basa en mentiras, como las de Aznar”. Una cantinela machacona, que se repite sin cesar pero que no consigue ocultar la grosera manipulación del gobierno Zapatero, cuyo líder está ya peligrosamente atrapado en el embrollo Sarkozy, tanto como Ban-Ki Moon y otros muchos.

Sobre las fisuras que surgen entre los aliados

Primera falacia de turno. No es que surjan ahora fisuras entre los aliados, como señalan los medios; es que NADIE se preocupó de unir a los aliados en un primer momento. Sarkozy estaba tan empeñado en imponer su propia línea de actuación a la UE (en defensa exclusiva de sus intereses), que no se hizo ningún esfuerzo por hacer un análisis común y buscar una estrategia de bloque. Esto es lo hay, la grandeur por cojones. Todos a reconocer a los rebeldes como interlocutores validos. Todos a apoyar la resolución 1973 en el Consejo de Seguridad de la ONU. “Marchons les bataillons”, una vez más.

La abstención alemana en la votación de la resolución 1973 y su ausencia en la intervención militar en Libia es tanto una acción justificada por la coyuntura política interna germana, como una reacción de vendetta por la inaceptable manera de proceder de Sarkozy, avasallando a todo el mundo en Bruselas, demostrando que él es el que corta el bacalao en Francia y en Europa.

Ahora, Washington y Londres se mueren por que el control de la operación pase a la OTAN, pero no hay visos de que eso vaya a ser así. Los líderes turcos ya han dicho que no están dispuestos a que la Alianza (con ellos dentro) pague los platos rotos por la incontinencia gala. Hay muchos otros aliados que opinan igual, pero solo Ankara tiene el peso específico y el valor para hacer pública su opinión.

Con respecto al nuevo fervor guerrero de Zapatero y compañía (delirios churchilianos de Pepiño Blanco incluidos), la triste realidad es que nuestro Premier vive entregado en cuerpo y alma a los designios del megalómano francés. El de León es un pelele, el tonto útil al servicio de un Sarkozy que se sabe el amo de España en el campo económico, en la lucha contra ETA y en la política exterior hacia Marruecos y la UE. Casi nada. Visto lo visto desde que Zapatero llegó a la Moncloa, a los españoles nos interesaría ir pensando en pedir el derecho al voto en las elecciones presidenciales francesas, más que nada por imaginarnos que así decidimos quién nos gobierna y en base a qué parámetros. No como ahora y desde hace años, con un gobierno sin rumbo y sin norte, que nos mantiene perdidos entre requiebros dialécticos, payasadas políticas y zigzagueos ideológicos que le funden las pilas al más puesto. Zapatero intenta ahora sacar pecho, pero dentro de unos días, cuando la operación “aliada” se embrolle más aun, puede que su cabeza sea una de las que caigan en Europa por lo que se está haciendo mal a nivel global en Libia.

Sobre lo de las mentiras de Aznar en 2003

Por mucho que se desgañiten Zapatero, Pepino Blanco o los de la “zeja”, las cosas se hicieron mil veces mejor en 2003. Aznar actuó sin procedimientos de urgencia, sin ignorar al Parlamento, y sin mentir a la audiencia. Los que han mentido sin parar desde 2004 en esta materia son los líderes del PSOE, que a finales de 2004 reconocían por escrito, con su firma y sello del Consejo de Ministros, y con la máxima solemnidad, que la participación española en Irak en 2003, “amparada por las Resoluciones 1441 (2002) y 1483 (2003) y 1511 (2003), se concretó en el envío de dos diferentes tipos de unidades con la misión de ayuda humanitaria y restablecimiento de la seguridad. La primera operación de Ayuda humanitaria fue autorizada mediante Acuerdo de Consejo de Ministros de 21 de marzo de marzo de 2003, que autorizó el despliegue en Unm Qasar del Buque Castilla y diversas unidades de apoyo. Por acuerdo del Consejo de Ministros de 12 de diciembre de 2003, se autoriza el despliegue de la Brigada Multinacional Plus Ultra con un máximo de 1300 efectivos que se integra dentro de la División Multinacional Centro-Sur cuyo mando ostenta Polonia y despliega en la zona central de Irak (An Najaf y An Nasiriya)”.

Texto disponible en el vínculo: http://documents.scribd.com.s3.amazonaws.com/docs/frsp49o0pxim2rk.pdf?t=1260895156

El documento (de noviembre de 2004) está sellado y firmado por los ministros María Teresa Fernández de la Vega, Pedro Solbes, José Bono, Miguel Ángel Moratinos, José Antonio Alonso, Jesus Caldera y Jordi Sevilla, y si no se demuestra que sea una burda falsificación debería obligar inmediatamente al gobierno Zapatero a disculparse ante las tropas españolas desplegadas en 2003 en misión humanitaria, ante el entonces gobierno del PP, y ante la opinión pública española, antes de dimitir por llevar dos legislaturas mintiendo de modo canalla a todo el mundo.

Ahora, con la operación “Odissey Dawn” en marcha y con medios navales y aéreos españoles participando en ella, bajo la cobertura de la Resolución 1973 apoyada nominalmente por la Unión Africana y la Liga Árabe, creo que toca apoyar a los militares españoles enviados por Zapatero, al tiempo que se debe reconocer la estatura política del PP como oposición leal al gobierno, que apoya al ejecutivo ante el despliegue de tropas españolas en el exterior, tal y como no hizo el PSOE en su momento. Muchos españoles se preguntan, confundidos, qué diferencia hay entre la participación española en 2003 y la de ahora en 2011. La gran diferencia que yo veo es la responsabilidad política del principal partido de la oposición, algo común en todas las democracias occidentales; algo que Zapatero jamás entendió.

Sobre los surrealistas titulares en España

Volvemos a lo del “ya era hora”, “es nuestra responsabilidad”, “Europa debe ser protagonista en Libia”, “lo hacemos por la defensa de la democracia”, “hay que apoyar a los rebeldes demócratas en Libia”, etc…

Si algo ha quedado meridianamente claro en esta crisis es que Sarkozy y sus adláteres (Zapatero entre ellos) han vuelto a aniquilar cualquier posibilidad de articular una respuesta conjunta de la UE, mientras París volvía a jugar al Estratego, triturando la acción exterior común, que es ya oficialmente invisible, intocable e inexistente, aunque carísima. Lo de que “Europa debe ser protagonista en Libia” es, además de peligrosamente anacrónico, un disparate, vista la eterna incapacidad de la UE para ser protagonista en la misma Europa. Si algo “era nuestra responsabilidad” es precisamente la necesidad de encarar a nuestros políticos, que llevan años haciendo negocios con dictadores como Gadafi, y que ahora quieren seguir manipulándonos para hacerse cargo de las riquezas energéticas libias. Es obvio que nadie en Europa tiene un plan claro de cómo será Libia en el futuro, pero todos los líderes quieren que sus petroleras (Total, Repsol, Shell, ENI, etc) aumenten aun más sus tajadas en los recursos de la región. Y lo de “apoyar a los rebeldes demócratas en Libia” es ya de juzgado de guardia mental. Algunos medios españoles incluso se apresuraron a apoyar la campaña de ensalzamiento del “líder rebelde anti-Gadafi”, Mustafa Abdel-Jalil. No deja de ser revelador que el tal Abdel-Jalil fuese hasta hace bien poco el Ministro de Justicia de Gadafi, con una buena casa en Al-Bayda y nada menos que 8 hijos. ¿Les cuadra a ustedes ese perfil con la imagen típica de líder rebelde? ¿O suena más bien a montaje para poner a alguien del régimen como nuestro nuevo “hijo de puta” al frente del Estado post-Gadafi? Lo de los 8 hijos le da la puntilla al perfil pseudo-rebelde del Ministro de Justicia gadafiano, que ahora es un bendito, y que representaba todo lo bueno en el ser humano dentro de la dictadura de Gadafi. A mí ¿qué quieren que les diga?, la película no me cuadra.

Pocas veces han estado las cosas tan claritas como en la intervención francesa en Libia. Y es genial que tantos comentaristas españoles se erijan en defensores de las intervenciones en defensa de la democracia; eso sí, cuando no hay petróleo, todos calladitos y a refugiarse en los recovecos del sistema internacional mientras se cepillan al personal. Hay incluso quien apoya que se promueva en la ONU que las democracias se pongan en marcha para derrocar a las dictaduras del globo. Claro, que no habrá caído en que las democracias somos la inmensa minoría del planeta, ni tampoco en que muchísimos millones de humanos repudian nuestro sistema de libertades occidentales. ¿No decían que “la letra, con sangre entra”? Parece que hay muchos que piensan que la democracia también.

Consecuencias de la intervención

Parece ya claro que con la letra de la Resolución 1973, las esperanzas francesas de derrocar a Gadafi para imponer un régimen títere en Libia tienen pocas posibilidades de futuro. EE.UU. ya ha reconocido que por mucha exclusión aérea que se imponga, la ONU no ha dado luz verde al derrocamiento de Gadafi, y con cada bombardeo que golpea Trípoli, el apoyo de la Liga Árabe a la operación anti-Gadafi se agrieta más y más. El problema no ha sido nunca el conseguir una victoria militar; el verdadero problema es el dia después. Si Francia hizo todo lo posible porque el Irak post-Sadam se le escapase de las manos a Washington, diluido en un baño de sangre atroz, son ahora muchos también los que esperan a que Paris se estrelle en Libia.

La abstención de Rusia, China y Alemania en la votación en la ONU parece ir también por ahí, cómodos en que la operación “Odissey Dawn” le pasará factura a Sarkozy y al antaño abanderado de la Alianza de Civilizaciones. Puede costarle también la cabeza a un Ban-Ki Moon desesperado porque lo reelijan como Secretario General de la ONU a finales de este año. Sarkozy le ha servido al coreano los focos en bandeja, al poner a Naciones Unidas en el centro de la intervención anti-Gadafi, pero si la Liga Árabe, Moscú y Pekín siguen criticando la intervención armada, hay muchas posibilidades de que al coreano le salga el tiro por la culata. Más aun cuando Obama ya ha anunciado que quiere “retirarse” de la primera línea de la operación, en un “nadar y guardar la ropa” que ya ha dejado tocado también al inquilino de la Casa Blanca. La operación Odissey Dawn en realidad se ha estado dirigiendo desde el Mando de las Fuerzas estadounidenses para África, el AFRICOM, con sede en Stuttgart (Alemania), y la mayoría de los medios navales (y los misiles Tomahawk) son norteamericanos, aunque Obama haya permitido a Sarkozy hacerse la foto de la grandeur en París y que sus cazas Rafale hayan sido los que inaugurasen el ataque a Libia. La premura de Washington por retirarse ahora de la primera línea de la intervención no presagia nada bueno, al tiempo que británicos y franceses pugnan por imponer su visión de quién debe hacerse con el mando de la operación tras la retirada norteamericana: si Paris o la OTAN.

No hay muchos líderes (al margen de Zapatero) que deseen seguir sometiéndose a los designios del francés, ni tampoco hay visos de que la Alianza Atlántica alcance un acuerdo para dirigir las operaciones militares contra Gadafi. Nos encontramos pues en un fascinante embrollo, el embrollo Sarkozy, cuyas consecuencias pueden ser muy complejas a medio y largo plazo. Hemos vuelto a dejar que la parte nos impida ver el todo, mientras Irán sigue reforzando su posición en toda la región, poniendo muy de los nervios a todos los aliados de EE.UU. (de Jordania e Israel a Bahrein y Arabia Saudí) ante el imparable tsunami chií. Au-revoir a la difícilmente mantenida primacía occidental en la región, y au-revoir a cualquier tipo de reforma de estilo democrático liberal. Los Hermanos Musulmanes en Egipto se han puesto al frente de su propia revolución y dentro de muy poco estaremos ya suspirando por el nivel de libertades existentes bajo la tiranía de Mubarak.

Libia tiene toda la pinta de ser el próximo plato que se le atragante a Occidente en el menú regional mediterráneo. Sarkozy y su UMP han demostrado ser una mala elección como chef a corto, medio y largo plazo. Zapatero y su PSOE, peor aun.
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