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    24 de octubre de 2014

PSOE y UPyD se unen en defensa del federalismo

Parece que la soberanía “nacional”, ya no pertenece al conjunto de los ciudadanos, que tienen en el Estado y en su Gobierno su natural representación, sino, repartida en trocitos, a esas entidades regionales y locales”.

Alejandro Muñoz-Alonso, “Incertidumbres”, El Imparcial, 29.03.2011

La convención de los barones socialistas el pasado 29-30 de enero de 2011 en Zaragoza tenía la intención de ser una respuesta programática clara a la anterior convención del PP en Sevilla, donde los de Rajoy hablaron claramente de su proyecto de país y política para los próximos años.

La cumbre de barones socialistas en Zaragoza, coinciden muchos, no consiguió en absoluto estar a la altura de la cita del PP en Sevilla. Algo comprensible con la que está cayendo. La convención del PP rezumaba ganas de aportar estabilidad al país tras el desfase de ocho años de zapaterismo, con propuestas para reorganizar el sistema de funcionamiento estatal, imponer la austeridad necesaria, reflotar la economía, clarificar competencias, reducir despilfarro público, y muchas cosas más. Todo muy claro y en base al programa tradicional del PP. Sin sobresaltos. Habrá gente a quien le guste y habrá otros a quienes no, obviamente, pero lo que es innegable es que el votante sabrá en las próximas generales a lo que atenerse si elije la papeleta del PP y qué puntos está votando, o incluso más importante aun en la política española post-Zapatero: qué es lo que NO está votando.

Y es que coincidirán conmigo en que Zapatero y su PSOE han convertido la política nacional (por llamarla así, aunque ya nada tenga de nacional) en un mundo desconectado de los planteamientos que han articulado tradicionalmente el corpus ideológico del socialismo español y de los puntos incluidos en los programas electorales del PSOE desde 1978 hasta 2008. No es que hayan cambiado los programas, es que existe una total desvinculación de la agenda política del PSOE de Zapatero en el poder con respecto al PSOE de la letra impresa en sus programas electorales tradicionales.

Además, el giro nacionalista que el PSC ha conseguido inocular en 2011 al PSOE, con los barones socialistas abrazando el federalismo en Zaragoza, se me antoja muy lejano del sentir de la mayoría de los votantes socialistas en la calle. Frente al desmadre del desbocado sistema autonómico español, “ni un paso atrás” proponen los socialistas bajo el liderazgo de Manuel Cháves. Nueva dialéctica frentista de cara al PP para (por fin) reconocer ante el público español que la maquinaria de Ferraz se ha marcado como objetivos la defensa del federalismo y la bilateralidad en la relación entre el Estado y las autonomías. Vamos, de igual a igual, de Estado a mini-Estados. Precisamente lo que los nacionalistas llevaban décadas soñando con conseguir es lo que ahora se ha convertido en el epicentro del discurso del PSOE: un partido que ha aparcado oficialmente sus pretensiones de articular España de modo coherente, para servir ante todo a un discurso nacionalista del “yo más” que a muchos ha angustiado y agotado, especialmente de 2004 a 2011.

Y es en este un punto tan importante y revelador, el de la defensa del federalismo, donde el PSOE de Zapatero coincide plenamente con la UPyD de Rosa Díez, compartiendo así el discurso falaz de la “regeneración democrática” que España “necesita” ahora. Frente al absoluto desvarío de unas autonomías desbocadas, lo “progresista” es pedir más descentralización, más desunión, más blindaje de las competencias para las autonomías que se erigirían en Estados soberanos federados. Y que alguien nos explique cómo ponerle el cascabel al gato, porque una vez que esos Estados soberanos federados decidan ir a un modelo confederal o a la secesión, ¿quién es el listo que se lo va a impedir? ¿El Tribunal Constitucional que estos barones socialistas pisotean en sus discursos? Si las regiones de 2011, articuladas como comunidades autónomas, se permiten públicamente lanzar semejantes órdagos al Estado central (aprobando estatutos inconstitucionales y amenazando con la independencia si no se les concede esto o lo otro), ¿se imaginan ustedes cuál será la dialéctica de la relación entre Estados soberanos federados unidos bajo la hégira del PSOE post-Zapatero? Una huida hacia delante que no presagia nada bueno, más aun cuando los postulados del PSOE-PSC se me antojan cada vez más ajenos a la colectividad general del pensamiento de los votantes (socialistas y no socialistas) en España. El discurso que creo motiva hoy a los españoles es el de la creación de empleo, la protección social, la fortaleza del Estado, y la defensa de los derechos entre ciudadanos entendiéndolos de un modo homogéneo en el territorio, no cuarteados de región en región. La pérdida de ese discurso tan propio de un planteamiento socialista tradicional (dentro y fuera de España), es lo que ha contribuido a esa desfiguración tan veloz de la faz del PSOE, un partido al que le sobran ya cada una de las siglas que forman su nombre, gracias a la magia del mítico Zapatero.

¿Y qué decir del partido de Rosa Díez? Tras haber ahogado de 2007 a 2009 el proyecto regenerador que pudo haber sido, hoy la UPyD de la telefonista de Sodupe, caretas de transversalidad y regeneración democrática fuera, es cada vez más claramente solo una escisión del PSOE, liderada por otra histórica socialista, que trae consigo esa misma defensa del federalismo como cura mágica de los problemas patrios. Asumido como el credo de UPyD en un congreso nacional a finales de 2009 donde la propia dirección del partido fue elegida con menos del 30% de los votos del censo de afiliados (ejemplo de regeneración democrática al no va más), el federalismo es la nueva bandera del partido con nombre de diputada, aunque eso sí, en aras de la tan manoseada regeneración democrática, los de Rosa Díez hablan poco de ello. Se ve que los upeydistas saben que lo del federalismo no vende tanto entre aquellos a los que aspiran a engatusar, y que a pesar de haberlo aprobado en su congreso como modo de organización estatal, es mejor presentarse al público con otros logos que se puedan vender mejor.

Así, los federalistas socialistas de Rosa Díez, tan “democráticos y regeneradores”, siempre hablan de estos temas de modo parcial, para que nunca podamos ver el puzzle completo que ellos proponen para el país. Por ejemplo, ¿cuál es la propuesta de Estado federado para Madrid que propone su candidato al gobierno autonómico? Y en este sistema federal ahora propuesto por UPyD, ¿dónde encaja la Monarquía constitucional? ¿O eso es que está también desfasado y lo “progre” es ser oficialmente republicano, aunque vaya a escondidas en el programa electoral, porque no se ve por ningún lado? Y las competencias del Estado central, ¿dónde encajan? Porque si en el actual sistema autonómico las regiones ya disponen de relaciones exteriores, ¿quién les dice una vez que sean Estados soberanos federados que digan adiós a sus competencias en educación, sanidad o política exterior? ¿O es que estos ideólogos federalistas de Rosa Díez creen que las autonomías se van a desarmar competencialmente en cuanto se conviertan en Estados soberanos federados? ¿La experiencia yugoslava no les dice nada? No, ellos prefieren mirarse en el espejo de EE.UU. o Alemania, como si la situación en estos dos países tuviese algún parecido con la nuestra.

Claro, que los prestidigitadores y malabaristas del partido con nombre de diputada se permiten incluso salir con ejercicios de onanismo intelectual del calibre de asegurar que el federalismo que ellos proponen no es peligroso porque es un “federalismo de intensidad media cooperativo”. Y claro, dado su peso político a nivel estatal, seguro que consiguen imponer su visión no peligrosa a aquellos que piden federalismo a secas (sin intensidades medias ni cooperativismos), para sentar las bases de la secesión. También salen los de Rosa Díez con notas poéticas como lo de que “federar es unir”. Interesante, ¿verdad? Pero, oigan, que no somos todos tontos. Cuando federar se refiere a entidades independientes entre sí que deciden unirse para crear una estructura común (estilo Alemania o EE.UU.), sí, entonces federar es unir. Pero cuando se parte de un Estado unitario y se decide trocear el sistema en mini-Estados soberanos federados, en este caso, federar es desunir. Como se desunió Yugoslavia ante nuestros ojos con cada nueva propuesta para “democratizar y regenerar” el sistema desde los 80. Menuda juerga intelectual; así regenera la democracia hasta Zapatero. O quizás sea eso lo que ha hecho el hombre desde 2004, solo que muchos como yo, tan zoquetes, no hemos sabido apreciar semejante proyecto regenerador.

Queda bien claro, pues, que la nueva doctrina de este PSOE desmantelado tras ocho años de zapaterismo atroz es la de asumir los postulados del PSC y del nacionalismo tradicional. Un proyecto con el que quieren enfrentarse al PP (los malos de la película) con la inestimable ayuda de IU, nacionalistas de diverso pelaje (ellos sí que son transversales), y los redentores de la UPyD de Rosa Díez. Y es que los que se llenan la boca hablando de programa, programa, programa suelen ser aquellos que se olvidan del programa en cuanto hay escaños o concejalías de por medio. O mejor aun, si los programas encajan al unísono, pues llamémoslo “regeneración democrática” y a formar nuevos tripartitos donde se pueda, que la democracia son dos días.

En fin, queda claro que a pesar de tanta descalificación teatral mutua entre PSOE y UPyD (tanto monta, monta tanto), la realidad los une, como bien han mostrado los acontecimientos desde mediados de 2009. No estaría mal si además los ciudadanos supiesen qué es lo que estarían votando cuando se planteen elegir siglas tan regeneradoras como las del partido de Rosa Díez. "UPyD, ven y cuéntalo".

A la hora de formar la coalición pro-federalismo en España saldría algo tan fascinantemente “transversal” y “regenerador” como: ¡PSOE-IU-UPyD-PSC-CC-PA-PNV-BNG-CiU-SI-ERC al poder!

Pero en fin, por “el bien de España” y la “regeneración democrática”, que no se diga…
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