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    23 de julio de 2014

Las fuentes del Estado

Incluso antes de la antropología política, ya desde Sir James George Frazer, empezó a considerarse un dogma el hecho histórico de que la gestión y administración de los recursos hídricos dieron origen al Estado.

Pues bien, tras el notorio desplome de los caudales de agua de casi todos los ríos de España, parece difícil compaginar los distintos intereses económicos de las diecisiete autonomías, y está comenzando a darse entre ellas una lucha sorda, pero feroz, en torno a la posesión y uso del agua. De las que se transvasa agua hay un intento explícito de configurarse como Estado soberano en el tema del agua, transgrediéndose así el Artículo 45 de la Constitución sobre el disfrute de los recursos naturales por parte de todos los españoles; y las que reciben el agua se apela al Estado de España como único ente con autoridad política para distribuir y racionalizar los recursos hídricos.
La guerra del agua está abierta, y constituye un catalizador más en la cada vez más visible descomposición del estado español. Sin embargo, también podría servir esta guerra del agua para que el Estado comenzase a poner límites al frenesí estatista de las distintas autonomías.


Por otro lado, son muchos los ríos cuyo cauce lo comparten varias Comunidades. Así, el Ebro cruza por Cantabria, País Vasco, la Rioja, Navarra, Aragón, Cataluña, y hasta tiene algunas fuentes importantes en la Comunidad Valenciana. El Duero llega a tener manantiales en Castilla La Mancha, Galicia y la Comunidad de Madrid, además de extenderse por Castilla León y Portugal. El Tajo cruza los territorios de Castilla La Mancha, la Comunidad de Madrid, Extremadura y Portugal, pero también tiene importantes fuentes en Castilla y León. El Guadiana recorre con repentinas desapariciones las tierras de La Mancha, Extremadura y Portugal, con hontanares importantes en Andalucía. El Guadalquivir, corazón de Andalucía, tiene importantes veneros en La Mancha. Y por no hacerme pesado habría que decir también que casi todos los pequeños ríos de la vertiente mediterránea nacen en Comunidades distintas de las que desembocan. Es decir, la guerra del agua no sólo nace de un perverso instinto insolidario, sino que además la urdimbre de la Geografía hídrica de España la hace imposible. Todos podemos perder intentando matar de sed a los demás. Por eso es intolerable que ciertos políticos de algunas autonomías afirmen barbaridades como que “no dejaremos que mueran de sed nuestros vecinos X, pero no les suministraremos ni una gota de agua para regar”. Están sembrando el odio y el resentimiento entre las diversas partes de España.
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