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    22 de julio de 2014

El santo también peca

Pese a estar informados de que la realidad es imprecisa, seguimos empeñados en limitarla al blanco y al negro. Y esto del blanco y el negro es peligroso, porque al no darse en la realidad, requiere falsedad y tabú; y vienen, entonces, fanatismos y beaterías.

Beato, como veía Ortega, se puede ser de todo: de la democracia, de la paz, de la cultura, de la ciencia, de los toros o del herbolario... Los síntomas son los mismos: mucho aspaviento, no hacerse verdadera cuestión de ello y mucha censura.

Cabe también ser beato de alguien; pero el otro día quedamos en que buena gana de perder el tiempo era idealizarnos, y que para idealizar mejor sería tomarla con Marlon o con Marilyn que con cualquier otro mortal que, por andar todavía en tierra, pueda dar con alguien que le quiera como es. Esto sintiéndolo por Marlon, por Marilyn y por las biografías; que tienden al negro de vender un supuesto escándalo o al blanco de figurar beatamente un santo. Beatamente porque sin beatería se cuenta tan ricamente con que el santo también peca.

Para hacer buenas biografías, como hizo Umbral de Larra, Lorca, Valle Inclán, Gómez de la Serna y Cela, se necesita capacidad de transmigración, que es lo que impide caer en la beatería, pues nada hay que temer cuando se ama: se acepta y goza de la riqueza de luces y sombras que componen a todo hombre. Umbral merece una buena biografía. Entre tanto, ha tenido suerte Xavier Zubiri. Jordi Corominas y Joan Albert Vicens han dado testimonio fiel de su vida y su época, reuniendo curiosos y valiosos datos, que ofrecen al lector dejándolo libre para ver y valorar. Resultando el discreto Zubiri un hombre interesantísimo, sin haber hecho de él un santo.
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