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Un libro de Santiago González

Lágrimas socialdemócratas o la política sentimental de Zapatero y los suyos

Los siete años de Gobierno de Zapatero pueden resumirse en la instauración de una nueva forma de hacer política a través de la constante apelación a los sentimientos. Ya lo dijo el propio presidente: "las palabras han de estar al servicio de la política, no la política al servicio de las palabras" y así ha sido. La manipulación en el lenguaje ha sido un continuo en la España de Zapatero y todos, ciudadanos, sociedad civil, y periodistas han sucumbido a sus artes cuya principal secuela no es otra que la "vuelta a las dos Españas". De todo esto y de cómo la crisis económica ha hecho despertar a todos de esta especie de hipnosis habla en su libro, "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo", el periodista Santiago González.
"Lágrimas socialdemócratas es la crónica de una impostura, la que desarrolla un grupo de jóvenes socialistas que unido en torno a Zapatero, y en la creencia de que su generación era un crisol de valores específicos, se hizo con el poder perdiéndole el respeto a las palabras y a los hechos, ensayando una política incierta e imprevisible, en la creencia de su superioridad moral y en la idea de que el pasado puede ser modificado en función de sus necesidades de presente. Es asimismo, la crónica de su fracaso, el relato de una decepción", así se presenta este libro en su contraportada. Se trata pues de un análisis periodístico de lo que han dado de sí estos años de zapaterismo, donde se ha sustituido la política de las acciones por la de las palabras, la responsabilidad por la continua apelación al sentimentalismo. En resumen como bien dijo el mismo Zapatero al poco de convertirse en presidente del Ejecutivo: "Las palabras han de estar al servicio de la política, no la política al servicio de las palabras".

- ¿Es este libro una especie de venganza?
No se trata de una crítica a un presidente que se marcha, sino más bien a toda una forma de gobernar. Por otra parte, no hay en ello nada de venganza, sino un balance. El momento elegido para el cierre del libro es cuando su sustituto, Alfredo Pérez Rubalcaba, es nombrado el 10 de julio.

En el libro, he sido exquisitamente cuidadoso en rehuir de los calificativos, es decir, expone, muestra, pero apenas valora. Eso no quiere decir que no haya teoría, pues hay una sistematización en los centenares de anécdotas que contiene, en torno a la columna vertebral del libro que es ese exhibicionismo sentimental que es una forma de gobierno, consistente en sustituir la responsabilidad del gobernante por la muestra de sus buenos sentimientos. Es decir, no podemos arreglar el paro pero mira cómo sufre el gobernante por lo que te está pasando.

- ¿Esta constante apelación a los sentimientos es en realidad una estrategia para suplir la falta de programa político?
En realidad no creo que hayan tenido un programa sistematizado, se ha tratado más bien de realizar todo aquello que viniera bien para sus propósitos. Han estado más largos de ocurrencias que de ideas.




- Muchos dirigentes populares en concreto y de la oposición en general han acusado a Zapatero de mentir sistemáticamente, pero usted en el libro habla más de manipulación del lenguaje que de mentiras. ¿Cómo se explica esto?
Hay de todo, porque en la biografía del Gobierno hay mentiras evidentes, como las que han sustentado el llamado proceso de paz de 2006 y creo que descubriremos algunas más en lo que parece que viene ahora con la Conferencia Internacional de Paz.

Leí cuando empezaba a plantearme este libro, un texto de un politólogo norteamericano Harry Frankfurt que se llama 'On bullshit', que literalmente es mierda de toro y aquí diríamos caca de la vaca, pero que aquí ha sido traducido por charlatanería. Es el hablar por hablar, el hablar por no callar. Lo que importa no es tanto lo que dice como la acumulación, el mentiroso conoce el valor de la verdad porque la transgrede, el charlatán es en cambio alguien al que le da lo mismo una cosa que otra. Ya lo dejó claro Zapatero en junio de 2005 con su expresión de "las palabras han de estar al servicio de la política, no la política al servicio de las palabras".

- Usted dijo en una entrevista que una de las secuelas del zapaterismo es la "vuelta a las dos Españas"
Hay una cuestión elemental en este asunto y es que cuando uno mete el palito en el avispero y empieza a moverlo irremediablemente acaban saliendo avispas. Mi pregunta es ¿estaba lo de las dos Españas enterrado? No sé a qué profundidad, pero desde luego el asunto de la Guerra Civil no era ya en 2004 de rigurosa actualidad. Zapatero, el día 14 de abril de 2004, cuando hace su discurso de investidura, hace una invocación a su abuelo, el capitán Rodríguez Lozano, y ya se pone en marcha la creación de Ley de la Memoria Histórica.

Hay una anécdota verdaderamente extraordinaria y es que en junio de 2006, cuando se aprueba el proyecto de Ley de la Memoria Histórica, se cumplen 50 años desde que el Partido Comunista de España hiciera pública la política de la reconciliación nacional. Cincuenta años antes, en 1956, los comunistas que habían sido los más represaliados durante el franquismo de los años 40, lanzan la política de que alguna vez terminará Franco y habrá que acabar con la España de los odios. Desde luego, es paradójico y tremendo que alguien cincuenta años después se haya dedicado a reabrir esas heridas y con notable éxito.

- ¿Es este un libro de teoría política?
No, yo creo que este es un libro de periodista que trata de contar una época. Al escribir este libro he tenido muy presentes a mis amigos socialistas gente con la que sigo manteniendo amistad, es verdad que en algún caso se han quebrado, y sobretodo pensaba en los votantes de buena fe que dentro de unos meses no se van a explicar porque les ha pasado lo que les ha pasado.

La Fiesta Nacional del pasado miércoles 12 de octubre es un buen ejemplo. Cómo el líder indiscutido e indiscutible de la izquierda española que llegó a tener mucho más poder en el PSOE del que nunca tuvo Felipe González, era un particular al que nadie le hacía caso. Está siendo ninguneado y apartado de su propio partido. Tiene que haber zapateristas de buena fe, gente que creía que votaba a un líder de talla internacional y que de repente puede no entender que se vea reducido a la nada.



- Hablemos de los tres grandes proyectos de Zapatero durante la primera legislatura y también sus tres grandes fracasos: Memoria Histórica, mapa autonómico y la negociación con Eta.
El problema del zapaterismo es que no reconoce las derrotas y sigue adelante con medias victorias. Ahora mismo siguen insistiendo que su fracaso en la negociación con Eta no fue tal y que gracias a ella la banda terrorista es ahora más débil. Esto es una falacia muy conocida que se llama Post hoc ergo propter hoc que quiere decir que si una cosa va a continuación de la siguiente es consecuencia la segunda de la primera. En este caso no es cierto, pues lo elementos del debilitamiento de Eta pasan por la represión policial y las detenciones de su cúpula, algo en lo que sí que ha sido muy eficaz el actual candidato Alfredo Pérez Rubalcaba como ministro del Interior durante la segunda legislatura, es decir, cuando se olvidaron de la negociación tras el atentado de la T-4.

- En la segunda legislatura todo ha ido de la mano de la economía...
Sí y la causa de la derrota de Zapatero ha sido la crisis económica. Creo que la sociedad española hubiera seguido en este encantamiento, probablemente durante otra legislatura más, de no ser por los problemas económicos. Una crisis brutal que se relativizó y que no se quiso admitir. Cuando todo el mundo veía lo evidente, todavía Zapatero estaba diciendo que pertenecemos a la Champions de la economía, que somos los que más goles metemos y a los que menos nos meten y que no estábamos en crisis. El presidente se instauró en esa manera de disimular la verdad, cuando la gente estaba padeciendo la crisis en sus carnes.
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