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    30 de septiembre de 2014

RAJOY Y RUBALCABA O LA POLÍTICA AVESTRUZ

Este artículo de Luis María Anson, publicado en el diario El Mundo, ha tenido extraordinaria repercusión en medios digitales y audiovisuales. Lo reproducimos a continuación para conocimiento de los lectores de El Imparcial.

“Ninguno de los dos tuvo huevos para plantear ante la opinión pública algunos de los asuntos de fondo que zarandean a la sociedad española. Escondieron las testas barbadas como el avestruz. Ni una referencia en el debate a la reforma constitucional. La regeneración de nuestra nación empieza por embridar el Estado de las Autonomías. Y eso exige entrar a fondo en una parte sustancial del articulado de la Constitución. No se trata de destruir las Autonomías; hay que mantenerlas tal y como fueron concebidas. Su desbocamiento es lo que está fuera del espíritu de 1978. La verdad es que hemos creado un monstruo voraz: 17 Estados de pitiminí, todos los cuales despilfarran el dinero público y multiplican la burocracia para desesperación de los ciudadanos que son los que pagan. Imposible atender al derroche de esa caravana incesante de cargos dirigentes manirrotos, de funcionarios innecesarios, de empresas públicas, de palacios suntuosos, de edificios inútiles, de vacíos pabellones deportivos, de auditorios gigantescos, de automóviles sin número, de viajes gratis total, de embajadas y delegaciones, de banquetes y actos lúdicos. Además, no es eso lo peor. Lo peor es que ciertos excesos en las transferencias, por ejemplo en educación, fragilizan la unidad de España y emborronan la identidad nacional. Lo peor es el tirón secesionista que enturbia el futuro de nuestro país.

Un debate serio, cara a cara entre los líderes de los dos grandes partidos, exigía plantear la reforma constitucional con la modificación del articulado de la Carta Magna para que se termine con las transferencias innecesarias, para colapsar de una vez el chantaje nacionalista en las investiduras y en la aprobación de los Presupuestos Generales. Y, además, la recuperación plena de la educación, con el fin de que de ella se ocupe íntegramente el Gobierno de la nación. Solo José María Aznar se ha atrevido a denunciar públicamente estas cuestiones que atenazan a la sociedad española.

Y vayamos al otro gran tema, que es vital para la regeneración de España. Los partidos políticos, los sindicatos y las organizaciones empresariales tienen que democratizarse internamente y no deben gastar un euro más de lo que ingresen por las cuotas de sus afiliados. Tal vez se les puede añadir el 0,7% que el contribuyente decida aplicar libremente en el casillero correspondiente de la declaración de la renta. En cien minutos de conversación insulsa y tórpida, calificada de debate por el entusiasmo mediático, ninguno de los dos pichones de corbata azul y maquillaje a lo Cantudo se atrevió a salirse de las alas protectoras del sistema y plantear ante la opinión pública la financiación de los partidos políticos, que están en el más absoluto de los descréditos. Personalmente me hubiera reconfortado que Rubalcaba o Rajoy hubieran dicho: “Me parece un escándalo lo que ha costado el circo este del debate. Se podría haber celebrado gratis en Televisión Española”. No se puede hablar de austeridad y sentarse para debatir sobre un montaje de despilfarro, en torno a los 600.000 euros según un diario digital, carísimo chocolate del loro, o de los loros, como hubiera escrito Umbral. O sea. Claro que mayor es el escándalo del derroche de la campaña electoral, tanto la del PP como la del PSOE, sufragadas ambas con los impuestos con que el Estado del bienestar sangra a los ciudadanos. Los viajes de varios dirigentes políticos nos están costando a 10.000 euros la hora de avión privado.

El lunes, en fin, asistimos, una vez más, a unos carísimos juegos florales en los que quedaron inéditos varios de los principales problemas con que se enfrenta España. La regeneración democrática, que las nuevas generaciones exigen, empieza por la reforma constitucional si no queremos que cualquier día estalle y se descuartice un sistema ya agotado. Y para hacer una reforma constitucional profunda y seria resulta imprescindible el pacto de Estado entre los dos grandes partidos, así como el concurso general de la ciudadanía”.
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