editorial
Dictadura en Venezuela

Ayer quedaron enterrados definitivamente en Venezuela los últimos restos de funcionamiento democrático que aún había en el país. Desde hoy mismo, y durante todo un año, Nicolás Maduro gobernará a golpe de decreto; esto es, una dictadura de facto sin fiscalización alguna. Recuerda los tiempos de Roma, cuando se elegía la figura del dictator por un año, si se producía una suerte de circunstancias concretas. Ocurre que ni Venezuela es la Roma clásica, ni se da circunstancia alguna que justifique una cacicada semejante ni, a buen seguro, Nicolás Maduro tendrá la más vaga idea de nada que tenga que ver con cultura general.

De haberse producido un hecho así en cualquier país de la zona, la OEA ya habría reaccionado de manera fulminante. No es el caso, por cuanto Argentina, Ecuador, Cuba, Bolivia o Nicaragua apoyan sin fisuras todo lo que haga Venezuela -previo pago del petroleo de todos los venezolanos-, y este hecho tampoco va a ser una excepción. Fue Chávez quien dio inicio a la política de comprar voluntades a base de petróleo -un recurso, por lo demás, perteneciente al pueblo de Venezuela y no al caudillo de turno para que éste lo emplee a su conveniencia-. Maduro le sigue la estela, habiendo dado además una nueva vuelta de tuerca a la amputación de libertades públicas en el país. No hay seguridad jurídica, las instituciones están al servicio del chavismo y ahora, como colofón, se establece una dictadura de facto. Si la comunidad iberoamericana no reacciona contundentemente ante un hecho semejante, lo estará legitimando y, de paso, quedará retratada.

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Fecha publicación: (21-11-2013)
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