Entre adoquines
Del torno de la Inclusa a la recogida a domicilio
Desde el pasado lunes, una simple llamada al 112 o al 012 activa el nuevo protocolo para la recogida confidencial de bebés que ha puesto en marcha la Consejería de Familia y Asuntos Sociales de la Comunidad de Madrid. Recibido el aviso, una UVI móvil se traslada al lugar elegido por la madre y le informa de los pasos a seguir, así como de otras posibles alternativas, y se lleva al recién nacido en caso de que así lo decida finalmente la madre, para darlo en adopción.
Y ante iniciativas, cuanto menos, sorprendentes, no han tardado en llegar las críticas. Dicen algunos que con esta medida se vuelve a un pasado, el de los niños expósitos que se depositaban en el torno de la Inclusa, que ya se consideraba ampliamente superado. Pero, ¿es que es mejor seguir escuchando las nerviosas explicaciones en televisión del transeúnte de turno, después de haber encontrado una criatura en un contenedor, en un banco, o entre los matorrales de un parque? Yo creo que no. Al menos, así se evita el factor suerte y se asegura que el niño no pasará frío ni hambre, que no se jugará la vida nada más haber llegado a ella.
Otra cuestión es que la medida resulte realmente efectiva en lo referente a la confianza que pueda tener la madre en que, interviniendo terceros, no salga a la luz lo que ella tanto desea mantener en el más oscuro de los secretos. No nos engañemos, todos pensamos que contra más gente nos vea, más difícil será mantener el anonimato. Por eso, imagino que la tarea más complicada va a ser la de convencer a la madre de que su nombre permanecerá en secreto, por mucho que se le explique el complejo sistema informático utilizado para encriptar su identidad, de manera que ésta sólo pueda ser conocida por el juez encargado de autorizar la adopción.
De aquellas épocas de niños abandonados ya sólo queda el recuerdo del apellido Expósito, pero aunque no sea tan habitual abandonar a un recién nacido, lo cierto es que no se puede ignorar a la mujer que no encuentra otra salida y siempre será mejor para ella poder contar con la ayuda de la Administración, que tener que salir a la noche con el pequeño para dejarlo sin ruido. Pero sobre todo, por el bien de ese niño, que, además, no acabará como antaño en un orfanato, sino en la casa de alguno de los cientos de padres madrileños que ya se han apuntado en las listas de los candidatos para adoptar.
Por cierto, que la Inclusa de Madrid está considerada como la primera que hubo en el mundo y sus orígenes datan de 1567. En ese año se estableció en el Convento de la Victoria una cofradía que acordó dar cobijo a los recién nacidos que se depositasen en los zaguanes, las escaleras de las casas o los pórticos de las iglesias. Y el nombre de Inclusa proviene de una virgen que se veneraba en la capilla del asilo, traída desde la ciudad holandesa de Enckinseen, vocablo que, degenerado en Inclusa, acabó por dar nombre a la casa que desde 1586 a 1800 estuvo, precisamente, en la Puerta del Sol, entre las calles Preciados y del Carmen, justo enfrente de la sede de la Comunidad.
Autor: Alicia Huerta