Este domingo, los partidarios de la democracia frente a la dictadura, tienen la oportunidad de mostrar sus preferencias en la concentración en la Puerta del Sol para pedir el fin de la dictadura comunista en Cuba, que ha cumplido cincuenta años de vida. El Imparcial ha querido hablar con el periodista Antonio José Chinchetru, especialista en Internet y en relaciones exteriores, que acaba de publicar un libro en el que relata sus experiencias en Cuba, país-cárcel al que acudió, en compañía de otro amigo comprometido con la libertad, para apoyar a la disidencia democrática en Cuba. (Fotos: A. J. Chinchetru).
El libro, publicado por la joven editorial Episteme, se llama Bajo el signo de Fidel. Miradas sobre La Habana, y responde fielmente a su título. Es una mirada penetrante y apasionada a la realidad de Cuba que no puede dejar indiferente al lector. Son sólo 114 páginas, pero preñadas de incisivas reflexiones. Está prologado por José María Marco.
José Carlos Rodríguez: Antonio José Chinchetru. ¿Quién es usted?
Antonio José Chinchetru: Soy una persona que ama la libertad, que cree que la libertad es el valor supremo. Que cree que nadie ni nada tiene derecho a recortar la libertad de los demás.
JCR: A mí eso de la libertad me remite al término “liberal”. ¿Se define usted como tal?
AJC: Soy libertad porque creo en la libertad. No creo en la libertad por ser liberal. De hecho, soy un liberal intuitivo. Incluso cuando no me definía como liberal.
JCR: ¿Y cuándo llegó ese momento?
AJC: Llegué a la conclusión de que era liberal, como muchos de los liberales, al leer un libro. En mi caso, el autor que me introdujo a estas ideas fue Jean François Revel.
JCR: A usted, como a otros.
JCR: Hablemos de Cuba. Usted acaba de sacar un libro sobre Cuba, que es su primer libro. Es también el primer libro de la editorial Episteme, de modo que es como si lo hubieseis hecho sin condón. ¿Por qué este libro? ¿Cuál es la historia de este libro?
AJC: Este libro nace de no querer escribirlo.
JCR: ¿Cómo es eso?
AJC: Bueno, hacía tiempo que deseaba hacer lo que hice este verano. Me asaltaba la idea de que es absolutamente necesario, pero demasiado cómodo esto de escribir artículos contra el régimen cubano y en defensa de las libertades de los cubanos. Pero yo necesitaba ir algo más allá. Visitar disidentes y llevarles objetos totalmente inocuos, pero que aquí están absolutamente prohibidos; estamos hablando, básicamente, de libros y periódicos. En un momento dado, Luis Margol, un buen amigo y periodista, me comenta que él tiene la misma idea.
Fuimos a Cuba, hicimos visitas a los cubanos de la disidencia, les mostramos nuestro apoyo por su lucha democrática, les llevamos información del mundo exterior, recopilamos información que ellos nos contaron. Son cosas que a nosotros no nos supone mayor molestia, pero que para ellos resulta muy valioso. Y, claro, fuimos con los ojos muy abiertos, observando lo que ocurría en las calles, hablando con el cubano de la calle.
Yo estaba de turista, pero empecé a agobiarme con la opresión del régimen. Y me puse a escribir, pero como mera técnica de liberación. Cuando llegué a Madrid no había agotado mi necesidad de escribir, y seguí haciéndolo hasta que puse el punto final al libro que sale ahora a la calle.
JCR: Luego es un libro no planeado, y que surge de tu experiencia.
AJC: Sí, de nuestra estancia en la isla-cárcel y de un bagaje intelectual que me ha permitido entender lo que estaba viendo.
JCR: De esa experiencia, ¿qué es lo que más le llama la atención?
AJC: Es complicado destacar un aspecto, porque todo está inextricablemente unido. Es la falta de libertad, la miseria, el derrumbe de los valores morales. Eso me impresionó.

En otra ocasión, nos salimos de las calles turísticas, nos metemos en La Habana real y vemos a un padre con dos hijos, de unos diez y quince años. Al ver que nos acercábamos, el adolescente llama a unas chicas que debían ser sus hermanas o primas, y ante la mirada complacida del padre nos las ofrece.
JCR: Turistas españoles.
AJC: Hay dos tipos. Hay gente decente, claro está, pero luego está quien decide no mirar. Son los que se pasean por la calle Obispo, va a la plaza de la Armería, visita el Capitolio, pero no recorre esos cinco metros que se salen ya del circuito turístico y que te lleva a esa callejuela en la que se ve la Cuba real, en que te asalta la miseria y se huele el hambre.
Pero están también los más indecentes, a quienes retrato en el libro, y que son los que hemos llamado e-revolucionarios. Españoles y europeos revolucionarios. Llegan a Cuba, se ponen un pantalón de camuflaje, una camiseta del Che y una gorra con la estrella roja y la bandera cubana a un lado y juegan a ser revolucionarios. No miran a Cuba, porque no quieren que la realidad les destruya su paraíso soñado. Y, como no miran, no ven las miradas de odio que les lanza el cubano de a pie y que yo veía tan a menudo.
JCR: Veo que la experiencia te ha marcado. ¿Han cambiado las ideas que tenías sobre Cuba? ¿En qué te ha cambiado este viaje?
AJC: No estás preparado para lo que te vas a encontrar, aunque tú creas que sí lo estás. Pese a que hayas leído previamente sobre el país, como lo he hecho yo, que he seguido la evolución del régimen, he leído libros, visto documentales, reportajes… Pero la realidad es tan brutal que te cuesta aceptarla. Hay momentos en que piensas que lo que ves no puede ser real, pese a que está delante de tus ojos. Lo que ha hecho, en realidad, es reforzar en mí la idea de que la libertad es fundamental en el ser humano, y su ausencia destruye al hombre.
JCR: Esa presión de la que hablas y que dices que hay en Cuba. ¿Viste algún ejemplo concreto?
AJC: Mira, te contaré que un taxista. Coges un taxi ilegal de los que están tolerados sólo para cubanos. Pero algunos se atreven a coger a extranjeros. Pero, eso sí, te dicen que no pueden dejarte cerca del hotel, porque hay muchas cámaras; y cuando vean que ha dejado a un extranjero en el taxi, tomarán nota de la matrícula e irán a su casa para pedirle explicaciones de por qué ha cogido a un extranjero y qué ha hecho con él.
Otro ejemplo: Salí de casa de un disidente y me encontré con diez o doce policías en la puerta. En contra de las normas de seguridad habituales, entré en su casa por segunda vez. Cuando salí, me esperaba una cohorte de policías. Me llamaron; me dijeron que me acercara a ellos. Pero yo pasé de largo. Preferí no tener contacto con ellos, a no ser que me detuviesen. Finalmente prefirieron no hacerlo.
JCR: Ese es el tipo de sociedad que hay en Cuba.
AJC: Sí.
JCR: La libertad e Internet, ¿tienen algún tipo de relación?
AJC: Internet es una magnífica herramienta. Abre grandísimas posibilidades en la lucha por la libertad, pero al mismo tiempo, la libertad en Internet está constantemente amenazada por los Gobiernos; principalmente, pero no sólo por los Gobiernos totalitarios. Ahí tenemos el caso de China; el país con el mayor número de ciberdisidentes encarcelados. Allí se concentra algo más de la población detenida en el mundo por haber manifestado sus opiniones por Internet.
También está el caso de Cuba, donde directamente está prohibido el uso de Internet a excepción de quienes tengan permiso expreso por parte de las autoridades. Pero son sólo un par de ejemplos. Podríamos poner los de Túnez, Marruecos…
JCR: Pero eso no ocurre en nuestra tierra. No en Europa ni en España, con Estados de Derecho y Constituciones que reconocen nuestra libertad.
AJC: No se llega a esos extremos, pero sí hay constantes ataques a la libertad de expresión. Ocurre de un modo distinto, pero en múltiples sentidos. Por ejemplo, no hay libertad en las infraestructuras: No existe una plena libertad de empresas que puedan ofrecer Internet al público. También hay ataques en materia de propiedad intelectual, ya que las sociedades de gestión de derechos de autor y las grandes discográficas presionan al Gobierno para que restrinjan la libertad imponiendo cánones a todo tipo de dispositivos. Se llega al extremo de que en algunos países se aprueban leyes por las cuales si te descargas archivos P2P te pueden desconectar de la red. O legislaciones que exigen un registro para realizar determinadas actividades en Internet.
O el caso de España. La LSSI, que se aprobó con el PP en el gobierno era muy intervencionista, pero la LISI, que es la reforma bajo el gobierno socialista, permitirá a entidades sin control judicial puedan cerrar, bajo determinados supuestos, páginas web. Veamos también el caso del Parlamento Europeo, que quiere crear un registro de bloggers.
La libertad en Internet está amenazada y muchos no se dan cuenta de que es tan importante como en otros aspectos de la vida.
JCR: He podido leerle en varias ocasiones, y observo que está contra el canon digital. ¿Qué motivos tiene?
AJC: Estoy en contra del canon en primer lugar porque creo que la propiedad intelectual no existe; no tiene base real. Y se apela a ella para recortar la verdadera propiedad y la libertad de los ciudadanos. Si tú tienes un archivo con una canción y yo me lo grabo, tú no lo pierdes. Y por tanto no hay robo.
Pero aunque existiera la propiedad intelectual, el hecho de que a ti se te cobre un canon cuando compras un disco duro externo, un CD o un móvil por la mera posibilidad de que puedas llegar a utilizarlo para grabar una película, una canción, escanearte un libro, eso sí es un atentado contra tu propiedad. Y se te aplica un castigo antes de saber si vas a cometer el supuesto robo, que además no es tal. ¿Dónde está la presunción de inocencia?
JCR: ¿Cree que el español medio, que lee los medios de comunicación, tiene una imagen certera de cómo es el conflicto entre Israel y los palestinos?
AJC: En buena medida no. Creo que se manejan muchos estereotipos, se esconden muchas realidades y muchos españoles, por desgracia, no entienden las claves del conflicto. Además, según multitud de estudios internacionales, España es el país más parcial a la hora de tratar este doloroso conflicto.
JCR: ¿A favor de quién?
AJC: No diré que a favor de los palestinos, porque no es verdad. A favor de los dirigentes palestinos y de los grupos terroristas palestinos. Lo cual quiere decir que es en contra de Israel, pero también en contra del pueblo palestino, que es quien sufre el manejo por parte de regímenes dictatoriales y el azote y la sumisión por parte de los propios grupos terroristas.
José Carlos Rodríguez
Fecha publicación: (29-01-2009)