Tribuna
Mentiras y mal gusto
Que la programación televisiva no deja de sorprendernos con sus deplorables contenidos no es ninguna novedad. Sin embargo llama la atención cómo en el medio se abre paso de forma agresiva una desagradable cultura de la humillación. Tanto si se trata de hundir a los demás como de rebajarse a si mismo, la caja tonta parece querer superarse poco a poco. Algunos parecían hasta fascinados con aquella presentadora que con tono castigador insultaba a los concursantes que fallaban al responder. Las televisiones no dudaron a la hora de emitir programas en los que se retaba por la calle a la gente a llevar a cabo acciones humillantes a cambio de dinero; más aún, mediante una puja se averiguaba quién sería capaz de hacerlas por la menor cantidad. Uno de los reyes de las nuevas tendencias televisivas sería el programa Jackass, creando una verdadera escuela y mostrándonos todo tipo de autolesiones y retos avergonzantes. La cadena MTV tiene probablemente el “mejor” repertorio de emisiones centradas en denigrar al otro, destacando sus conocidos realities, en los que el insulto y la puñalada por la espalda son la moneda de cambio.
En España llamó no hace mucho la atención un programa en el que una persona supuestamente se dedicaba a revelar secretos a cambio de un puñado de euros. Delitos menores, engaños, hijos que odian a sus padres, prácticas sexuales irrisorias, todo quedaba al descubierto. La presentadora incluso se veía obligada a aclarar que el público no aplaudía los hábitos del confeso, sino su capacidad para sincerarse. Pero mis “favoritas” son probablemente esas producciones en las que miles de aspirantes a estrellas de la canción son sometidos de forma individual al juicio de tres expertísimos, uno de los cuales siempre juega a hacer gala de su ácida creatividad degradando ferozmente a quienes no valen.
En esta cuestión no es menos criticable la incertidumbre sobre la veracidad de lo que vemos... Desde los casos de actores infiltrados hasta los de gente que es tan pobre que accede a pegarse en un talk-show con desconocidos, siendo algunos mucho más descarados que otros. Y aunque a veces resulte más que obvio que lo que estemos viendo es un puro montaje, da igual, el circo sigue... también nos vale.
¿Qué mensajes se transmiten? Primero, que el fuerte machaca y ha de machacar al débil. Segundo, da igual cuántas estupideces cometas, da igual que las reveles y las amplifiques a través de los medios de comunicación, si sacas una buena tajada por ello, eres un pequeño gran héroe. No puedo dejar de pensar en cierta relación con las versiones de “microbroadcasting” que jóvenes de instituto crean a través de móvil e Internet. Regocijarse del mal ajeno seguramente alcanzó una especie de sano límite con los programas que mostraban vídeos caseros de accidentes.
En televisión no debería ser insultada la gente por su forma de cantar, su atuendo, su físico, etc. sino por su capacidad para rebajarse a lo más mínimo a cambio de una recompensa económica.
Autor: José María Zavala