editorial
Realidades en lugar de sondeos

Una de las razones del desplome de la Bolsa a finales de la semana pasada fue la reacción de los mercados financieros a los devaneos de un presidente que gobierna a golpe de encuesta y titular, en lugar de enfrentarse con la realidad. El problema es que ésta termina por imponerse porque los hechos acaban por aflorar como un corcho. Y, a la postre, uno termina por perder hasta las encuestas. Esas mismas encuestas dejaban patente ayer mismo que la brecha entre PP y PSOE sigue creciendo en detrimento del partido del Gobierno que, de celebrarse ahora las elecciones, las perdería por un amplio margen de diferencia. A lo que hay que añadir la particularidad de que una parte significativa del voto de la derecha es “inconfesable”; esto es, no sale en los sondeos, lo que sugiere que la ventaja popular podría ser incluso mayor de lo previsible.

Ante una circunstancia semejante, lo deseable sería que ambos partidos se esforzaran por revertir la situación, pero de un modo constructivo y no similar al que de siempre han tenido ante guarismos demoscópicos de toda índole. El Gobierno debería hacer un ejercicio de responsabilidad -al que, por cierto, no nos tiene nada acostumbrados- dedicándose por fin a lo suyo, gobernar, por impopular que sea. Porque gobernar no es siempre sinónimo de agradar; antes al contrario, es tarea de todo gobierno llevar a cabo aquellas políticas adecuadas a cada situación, y una crisis económica como la que padece España requiere medidas drásticas y difíciles; es decir, valerosas. Medidas que José Luis Rodríguez Zapatero no sabe o no quiere adoptar. La política lleva aparejada una importante vocación de servicio público, y dicho servicio se lleva a cabo haciendo lo mejor para el país, en lugar de estar pendiente de fotos y sondeos.

Por su parte, en el PP tampoco pueden echar demasiado las campanas al vuelo, ya que su despegue en las encuestas se debe más a deméritos ajenos que a méritos propios. Se ganó en Galicia, feudo tradicionalmente “popular”, por la calamitosa gestión anterior de socialistas y nacionalistas al frente de la Xunta. En Euskadi, pese a ser la llave que propició la salida del PNV del poder, se obtuvo el peor resultado electoral de los últimos años -19 escaños Mayor Oreja, 14 María San Gil y los 12 recientes de Basagoiti-. Y las elecciones europeas puede decirse que las ganó el propio Jaime Mayor Oreja, en un intento de Rajoy de movilizar al “voto de la era Aznar”. En Génova parece que se han “puesto las pilas”, pero siguen sin entusiasmar. Y con la que está cayendo, lo normal sería que el principal partido de la oposición, con poco que hiciera, estuviese 20 puntos por encima de sus rivales. No debería confiar Rajoy su campaña electoral al desgaste que la crisis haga del Gobierno. Se expone a desencantar al electorado a la hora de votar, o de obtener una pírrica victoria que le obligue a pactar “contra natura”. En sus manos está. Pocas veces un partido político habrá tenido una situación más propicia para ganar unas elecciones generales de lo que ahora tiene el PP. Pero también necesita arrojo y valentía para formular las propuestas que estima necesarias para salir de la crisis. Por impopulares que sean.

Autor:
Fecha publicación: (08-02-2010)
(C) 2008 Editorial Imparcial de Occidente SA
Paseo de Pintor Rosales 2-4, 3º Iz.
Madrid España Tel. 917583912