paso cambiado
La conspiración universal contra Zapatero
La ingratitud no tiene límites, ni en España ni en el mundo. El rencor ante la excelencia, la envidia ante la virtud, no conocen barreras. Por eso se ha montado una conspiración planetaria contra Zapatero.
Analicemos a los conspiradores.
El primero, que, además, es un miserable traidor, es Obama, porque ha dejado solo a Zapatero justo en el instante en el que se iba a producir la conjunción planetaria entre ambos.
Pero no ha sido casual este abandono de Obama. Ha coincidido con el ataque de los fondos de inversión americanos contra nuestro querido euro español, o contra la aportación española al euro. Intolerable operación que ha dificultado el resurgir imperial de la crisis planificado por el Gobierno socialista. Asco de especuladores, que no tragan la enérgica posición de Zapatero al exigir la regulación financiera mundial, que diría el argumentario socialista.
Lo estábamos viendo venir: el capitalismo salvaje contra el progresismo. Pero no el progresismo de cualquiera, sino exactamente el de Zapatero, la única víctima conocida de esta confabulación universal.
Claro que lo de los inversores internacionales que han sembrado la desconfianza sobre la potente y bien gestionada economía española no es un fenómeno aislado. Los medios de comunicación internacionales llevan dos años de críticas abruptas, y claramente injustificadas, sobre la orientación (por decir algo) de la política económica de Zapatero.
Y, si fueran sólo los internacionales, no pasaba nada, porque aquí se lee poco en inglés. Es que tienen cómplices españoles. Sí, la traidora Prensa española, también partícipe de la conspiración. Como El País y La Razón (“bandazos del Gobierno sobre las pensiones”), o ABC (“España necesita un Gobierno”) o El Mundo “Insostenible España”).
Y aún hay más: la conspiración de los dirigentes políticos europeos, del comisario Almunia, quienes han pasado de la advertencia a la impaciencia, y de ésta a la amenaza sobre la gestión económica gubernamental.
Y la guinda del pastel conspirador está en el propio mercado nacional. Los empresarios, muchos de los cuales no han dudado en arruinarse para perjudicar a Zapatero y, sobre todo, los parados, que han decidido dejar su puesto de trabajo para poner en evidencia la política progresista del líder español.
Hay que tener mala baba para hacerle esto al presidente socialista, por lo que hay que deducir que quien mueve todos los hilos es el PP, instigando Eres, influyendo en el Financial Times, manipulando miles de millones de euros de los hedge founds y convenciendo a Almunia para que se meta con Zapatero. Eso sin contar su presión sobre Obama, que no ha tenido más remedio que someterse a Rajoy y hacer un feo a Zapatero. ¡Qué barbaro este PP de Rajoy, que deja pequeña la Trilateral, que humilla al Club Bilderberg, que controla las Bolsas del mundo!
Pues sí, ésta es la gran conspiración. Pero pongámonos en una explicación menos victimista:
1.- Obama bastante tiene en su casa como para perder el tiempo en una reunión en Europa, especialmente si le van a sacar los colores. En este asunto, como en tantos otros, Zapatero es irrelevante.
2.- Los mismos especuladores contra los fondos soberanos españoles son aquellos que en su momento los apoyaron de forma igualmente especulativa. Quienes hoy hacen bajar la Bolsa, antes la hicieron subir, y en aquel momento le sirvieron a Zapatero para sacar pecho. Si no criticó entonces la especulación, tampoco podrá criticarla ahora. Mal que nos pese, porque ésta nos está haciendo polvo como país.
3.- Si se elige la España gobernada por Zapatero para un ataque especulativo, quizá sea porque se encuentra base para ello, igual que tuvo su base apostar especulativamente a favor de España en su momento. Si pasamos de una política económica de rigor, a una de descontrol; si pasamos de la seriedad al desconcierto; si nos endeudamos para varias generaciones; si el mercado interior se derrumba entre los escombros del paro, el ataque tiene más visos de prosperar. Pues si todo fuese una agresión al euro, ¿por qué no especular contra Francia o Alemania? Más bien parece que Zapatero ha hecho de España el eslabón más débil (el más apetecible entre los débiles) de Europa.
4.- Los medios de comunicación nacionales e internacionales no se ponen de acuerdo ni para ir a tomar café. Si todos coinciden en criticar la política económica de Zapatero no es por conspiración frente a la virtud, sino como denuncia de la incompetencia.
5.- Parece obvio que los empresarios y los trabajadores españoles prefieren su prosperidad económica al tipo de Gobierno. Los únicos suicidas reconocidos en España (suicidas bien remunerados, por otra parte) son los sindicatos, que apuestan por la total ruina nacional con tal de que no haya algún tipo de reformas que disgusten a su sensible estética obrerista. Claro que el culpable de este engrandecimiento decisorio de los sindicatos es Zapatero, aquel que ha decidido la deriva peronista española con la alianza del Gobierno y los piqueteros.
6.- Las únicas conspiraciones conocidas del PP están en su interior, y ni siquiera les salen muy bien. Se entiende que a Leire Pajín no le guste el PP, pero creo que en esta ocasión se ha pasado al acusar a Rajoy de respaldar la conjura anti zapateresca.
En resumen, no se puede ser tan incompetente como Zapatero y dedicarse a esto de gobernar. Sus improvisaciones y vacilaciones, su derroche electoralista y su demagogia social, su descontrol de las cuentas públicas y su temor a disgustar a su clientela, le presentan como un gobernante ambiguo y timorato. Por eso se ha convertido en el muñeco del pim pam pum internacional, y, con él, se ha llevado a España a la caseta de feria.
Aunque hay una esperanza, que no es Zapatero ni lo será nunca. España tiene potencia de base y solidez civil (más bien aristocrática que popular), aunque no política. Es probable que algún español, que no sea Zapatero (tal vez de nuestras grandes empresas, tal vez de las instituciones financieras, tal vez de otros organismos) pueda frenar el desaguisado, modificar la percepción internacional, contener en lo posible la especulación, garantizar la seriedad económica. Aunque sea por el sencillo método de apostar por un cambio político en España, en lugar de mantener la complacencia con los socialistas, que tanto beneficio les prestan a corto plazo como perjuicio a largo.
Ya no es época de mandar el mensaje al mundo de que Zapatero va a cambiar de política económica. El único mensaje tranquilizador, dentro y fuera de nuestras fronteras, sería la previsión de una rápida salida de Zapatero. Él mismo podría darla, y le quedaría bastante patriótico.