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    26 de marzo de 2017

elimparcial.es > Críticas de Teatro

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el chivato

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EL CHIVATO

Y no es que el teatro se signifique sólo por el aumento generalizado de las recaudaciones por taquilla. Sino que vuelve a servir de argumento para las memeces protagonizadas por algunas señorías políticas paritarias que habitan el gobierno. Ya hubo una ministra de Cultura, de nombre Carmen y apellido Calvo -¿debería decirse Calva?- que se lanzó a decir: “el dinero no es de nadie”. Claro que la ministra del “Dixi Pixi” omitió que ese dinero “de nadie” siempre va a parar a las manos de los mismos; esos que deben ser los “nadie” amos de la tela y que, con solo elevar una de sus cejas y encerrarse tras el “cordón sanitario” consiguen toda suerte de canonjías a modo de subvenciones. Para estos titirivainas no existe la crisis ni el paro y, aun no se ha descubierto el antídoto que proteja a los cómicos de a pié de las miasmas ideológicas que los tales sujetos exalan con su aliento.
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El chivato

En un teatro de Varsovia han debutado dos robots; unos actores sin alma y sin sexo que, al no lucir género se adaptarían a la normativa aprobada por los responsables -es un decir- de la baraúnda andaluza. Sin riesgo de recibir reprimendas o sanciones, un maestro andaluz podría consentir, a sus alumnos, el uso del epiceno “actores” para designar a la hembra y al macho actuantes, cuya diferencia de género es la misma que existe entre una clavija y su correspondiente base de enchufe (de femenino nombre ambas). Los protagonistas obtienen a diario el mayor éxito registrado en un teatro polaco los últimos años.
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El chivato

Los agravios al teatro no cesan. Además de la crisis que, es cosa de ahora; la descarada atención de los medios al deporte y los funestos horarios de transmisión de encuentros exigidos por el mercantilismo futbolero, ahora vienen ciertas reivindicaciones “hembristas” que tratan de poner patas arriba el diccionario y las costumbres establecidas y aceptadas, hasta por “todas las personas” capaces de crear comedias y obras dramáticas.
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El chivato

Rafael Anson es, con toda probabilidad, el mejor director general que tuvo RTVE (Radio Televisión Española), aunque su decisión de asignar a los periodistas la locución de las noticias, con el argumento de que “...quienes elaboraban la información la explicarían mejor”, no fue uno de sus aciertos. Si la idea era buena, el resultado no lo fue tanto. David Cubedo (50 años dedicados a la emisora pública) era a la sazón el jefe de los locutores profesionales y, como era de esperar, contrario a la medida que acabaría con el buen decir, no solo de RTVE, sino de todas las emisoras y hasta del teatro. La presentación de los telediarios se confió a Pedro Macía (único profesional de la locución, además de periodista); a Ladislao de Arriba y Azcona; a Eduardo Sotillos y a José Manuel Gozalo en la segunda cadena. Tras la dirección y presentación de dichos informativos por los “telebombones”, quienes referían las noticias eran los propios redactores.
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EL CHIVATO

La práctica viene demostrando que las miserables subvenciones que, a modo de dádivas, conceden las sobredimensionadas Administraciones, sirven apenas para cubrir unos pocos de los gastos menores. Desde la cúpula ministerial hasta la concejalía de cultura del menor de los municipios, ninguno da un paso para proveer al teatro de publicidad; precisamente lo más caro y necesario.
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El próximo mes cumplirá tres años el establecimiento del denostado canon aplicable a grabadoras y a sus soportes, a teléfonos, a memorias portátiles y a cuantos utensilios capaces de grabar y reproducir imágenes, sonidos o datos.
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Los políticos, a quienes sólo interesa el teatro cuando lo utilizan, si de izquierdas distinguiendo a sus gentes y, si de derechas, premiando también a las mismas gentes; esos que mandan ahora y detentan el poder sobre el teatro como amos de sus escenarios, han hurtado de las tablas a Blanca Portillo, una de nuestras buenas actrices, a quien premian con una canongía remunerada, enriquecedora del bagage artístico de Portillo pero distanciadora de los escenarios que, ya solo vislumbrará desde su despacho de directora del Festival de Teatro Clásico de Mérida.

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