Isabel Sagüés
ISABEL SAGÜÉS es periodista y MBA en Administraciones Públicas y Máster en Comunidades. Ha dirigido entidades culturales sin ánimo de lucro como la Fundación Canalejas y la Fundación ICO
Viajes
Santa Cruz de la Serós o el románico jaqués
La Jacetania es la comarca más noroccidental de Aragón, que limita al norte con Francia y al oeste con Navarra y cuya capital es Jaca. Comarca natural en torno al río Aragón, en la cual se gestó el primitivo condado que posteriormente dio nombre a la Corona de Aragón. Aquellos tiempos y hechos históricos generaron un importante patrimonio histórico-cultural y hoy constituyen, junto a la a la naturaleza, el principal atractivo de la comarca. La Jacetania la componen diferenciadas zonas geográficas. Una de ellas, enmarcada por las alturas de los majestuosos Pirineos y lo por las no menos espectaculares y abruptas sierras Oroel y San Juan de la Peña, es la llamada Canal de Berdún, una comarca que crece llana en la carretera que une jaca con Pamplona y que llega hasta el límite de Navarra. Una comarca articulada por el río Aragón, que nace en Canfranc y desemboca en el Ebro. La Canal es un valle abierto, dedicado a la agricultura, con variedad de paisajes vegetales, en cuyas laderas crecen pinos y carrascos. Un valle lleno de interés para artistas y turistas pero que no termina de atraer lo suficiente para fijar la población que sufre una paulatina despoblación.
En esta comarca, en un desvío en la carretera a Pamplona, 12 kilómetros después de Jaca, al píe de la sierra de San Juan de la Peña y bajo las imponentes moles del conglomerado en el que se refugiaron los cristianos viejos en los oscuros tiempos de la Alta Edad Media, se alza la pequeña población de Santa Cruz de la Serós. Un municipio de apenas 150 habitantes que preside el magnífico monasterio de Santa María, románico del siglo XII, de una belleza excepcional y del que sólo se conserva la iglesia. Otra joya del románico, San Caprasio, completa el extraordinario conjunto monumental de este municipio minúsculo, que por su posición estratégica del ramal aragonés del camino jacobeo y por iniciarse en el mismo la subida a uno de los monasterios españoles más impactantes e importantes por su historia y su belleza artística, como es San Juan de la Peña, Santa Cruz goza del título de Conjunto Histórico Artístico del Camino de Santiago.
Santa Cruz de la Serós es una población pintoresca, enmarcada en una hermosa naturaleza y adornada por viviendas de piedra construidas según la arquitectura tradicional del norte de Huesca y rematadas con un tejado de losas con sorprendentes chimeneas troncónicas. El municipio lo integran también el lugar de Binacua, la pardina de Lacuey y la venta de Esculabolsas. La Canal y Serós son tierra de sierras y barrancadas que han permanecido en silencio y, casi, en abandono durante siglos, y que hoy gracias al turismo y al interés que despiertan los deportes de montaña empiezan a bullir a la vida, disfrutan de nuevas construcciones, casas rurales y toda una red de pequeños restaurantes donde se degusta la sabrosa gastronomía local.
Al nombre inicial de Santa Cruz se le añadió “de la Serós” por su vinculación a las religiosas (sórores en aragonés) que hasta finales del siglo XVI habitaron el monasterio de Santa María, que fue fundado por Ramiro I de Aragón hacia el año 1060 y destinado originalmente a cenobio femenino reservado a las propias hijas del rey y a las de la alta nobleza aragonesa. El templo debió ser fundado a raíz de la implantación en 1024 de la regla de San Benito en el cercano monasterio de San Juan de la peña.
Ramiro I confió a su hija Urraca al monasterio al que hizo importantes donaciones. Su otra hija Sancha, ya viuda del conde Ermengol III de Urgel, ingresó en el cenobio años después como abadesa. Dado que Doña Sancha fue uno de los personajes más influyentes de la corte del naciente reino, consiguió hacer rico al monasterio y lo elevó a su máximo esplendor.
Las sórores se trasladaron a Jaca en el siglo XVI, lo que propició el abandono del monasterio del sólo se conserva la iglesia. Una iglesia impresionante por sus proporciones, su bella estructura, su sorprendente arquitectura, y su hermosa decoración románica. Iglesia de una sola nave, con planta de cruz latina, acabada en un ábside central del que destaca el exterior y con sendos absidiolos en cada uno de los brazos de la cruz que aparentan contrafuertes. Su fábrica presenta un perfil escalonado de sur a norte, en la que sobresale y destaca la robusta torre rematada por un cuerpo octogonal que contiene la bóveda. El conjunto se adorna con una portada que es réplica de la de Jaca, una impresionante muestra del románico más puro, de gran belleza, con arquivoltas de medio punto, de arista viva, que se apoyan sobre columnas y un notable tímpano donde destaca un crismón. El también espléndido retablo es una importante pieza gótica del siglo XV.
A la salida del pueblo, está la iglesia parroquial dedicada a San Caprasio, otra joya destacable y construida en el prototipo románico de la variante lombarda del siglo XI. Data de tiempos de Sancho el Mayor de Navarra (1020-1030). Se levanta sobre una planta de nave única dividida en dos tramos: un corto presbiterio con arco ciego a cada lado y ábside con sendas hornacinas y tres ventanas. Su fábrica es de sillarejo desbastado a maza con técnicas habituales en Lombardía. También la decoración es típica del románico del norte de Italia, con una serie de arquillos ciegos, elementos arquitectónicos que se repiten en el ábside, aunque con la novedad de ser de tamaño desigual. La puerta de acceso en el hastial occidental es de medio punto, adintelada al interior. San Caprasio es una sorpresa por su pureza de formas, las soluciones lombardas y la apabullante sencillez del conjunto.
Como colofón a una visita tan sorprende, tan interesante, en la pequeña localidad de Binacua se puede contemplar otra bonita iglesia románica.




