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ENTREVISTA

Entrevista a Boadella: "Si Durruti levantara la cabeza le daría un abrazo a Rajoy"

Albert Boadella, sin duda el hombre más puro del teatro español, habla para EL IMPARCIAL de la dramaturgia española, de la sociedad, de la política. El autor y director catalán diserta de los problemas, de los falsos mitos y de la esencia del hombre con transparencia y sabiduría. Boadella se confiensa para EL IMPARCIAL.

Carmen Obregón. Madrid

23-01-2008

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¿Cuál es la labor de un director de teatro una vez que la obra está sobre el escenario? ¿Hay que apechugar con lo que haya?
Cuando las piezas llegan a escena, no están ensayadas, están ensayadísimas... No obstante, el público te da la oportunidad de corregir ciertas cosas que no llegan con la precisión que uno hubiera querido. De todos modos no hacemos cambios importantes. Sólo apretamos los tornillos, nunca la estructura.

Para ser amigo de los políticos que subvencionan obras, ¿hay que tener pátina de moderno?
Los pasillos de las consejerías están llenos de esos modernos. Pero esa modernidad es un complejo del mundo artístico. Si estamos viviendo en esta época, ya somos modernos de por sí. Uno hace teatro contemporáneo mientras está vivo. Eso no requiere un estilo especial.

¿Hemos pasado del analfabetismo al “cosmopaletismo” como diría aquel?
Sí. Hoy se pueden hacer todas las barbaridades. Jesucristo puede aparecer patas arriba y encima a la gente le divierte. Ahora bien, tocas uno de esos dioses modernos y se ponen frenéticos... Y mire, la función del teatro sirve para satirizar los fetiches que la sociedad va construyendo.

¿Qué significan para usted los toros?
El arte del toreo es el más importante que existe en el mundo occidental. Los momentos que yo he vivido la tarde que José Tomás estuvo en Barcelona jamás los he vivido en ninguna otra situación artística, ni escuchando las mejores orquestas ni viendo las mejores piezas de Shakespeare. Ha significado para mí una de las sensaciones más fuertes de mi vida, aunque mucha gente se escandalice.

Le van a crecer los enemigos con estas afirmaciones.
Por la web me dicen que lo único que desean es que coja un cáncer. Es gente agresiva. Tenemos que pensar que el hombre no cambia con los siglos. Por tanto, ¿dónde están los inquisidores hoy? Los tenemos en estos señores, que en lugar de defender a los toritos insultan a las personas.

¿Quieren los gobiernos catalanes el deseo de perpetuarse como el PRI mexicano?
Está claro que en Cataluña hay un régimen en el que todo el mundo debe estar de acuerdo con los principios fundamentales de la tribu, del movimiento, del nacionalismo catalán. Y es un régimen porque todos los partidos participan en ello. Aquel que se opone a él es un traidor.

¿Somos los ciudadanos españoles solidarios con nuestros congéneres?
El sentido de la ciudadanía apenas existe. Aquí sucede una de dos: o uno es vasallo y está en silencio absoluto, o bien hay que matar al vecino y organizar guerras civiles. Tenemos que conseguir que el conjunto de los ciudadanos procure el bien común.

¿Los tópicos sobre las ideologías están hoy en desuso?
Los tópicos, tanto de la derecha como de la izquierda están desfasados. Le voy a poner un ejemplo: si Durruti levantara la cabeza le daría un abrazo a Rajoy cuando supiera que este señor defiende el subsidio del paro, la Seguridad Social... Los tópicos tienen que desaparecer.

¿Le preocupa la tensión territorial que se vive ahora mismo en su tierra?
Creo que Zapatero ha tomado un camino equivocado, arriesgado y peligroso. Los temas territoriales en España son delicados. Entrar como un elefante a la cacharrería me ha parecido una imprudencia. El problema del aumento de la deriva del nacionalismo en Cataluña se debe en parte a la posición de Rodríguez Zapatero. Con él, los nacionalistas habían pensado que había llegado la misma oportunidad histórica que con Felipe V. Así que han visto barra libre. En este sentido, ha sido un presidente poco sensible; nada que ver con Adolfo Suárez y Felipe González.

¿Qué queda del espíritu del célebre hidalgo de Cervantes?
El espíritu cervantino ha desaparecido en pocas generaciones. Yo creo que España tiene una crisis de moralidad que afecta al mundo político, a los medios de comunicación. Y fíjese, ahora me encuentro en la paradoja de decir algunas cosas que también dicen los obispos.



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