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a seis meses de las elecciones

Buteflika busca una reforma constitucional para aspirar a un tercer mandato

Las elecciones presidenciales en Argelia están previstas en principio para finales del mes de marzo. En un país considerado como una de las reservas estratégicas de hidrocarburos más cercanas a Europa -sigue siendo el principal proveedor de gas a España -, y dotado de una Constitución que hace del jefe de Estado el detentor principal de la aplastante mayoría de palancas del poder, los comicios presidenciales deberían considerarse como el centro de atención, de debate y de movilización de la opinión pública. No es el caso de Argelia. El silencio que pesa sobre la cita electoral es por lo menos preocupante.

Pedro Canales

29-10-2008

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La Alianza Presidencial, una coalición de tres partidos políticos compuesta por el expartido único FLN de Abdelaziz Beljadem, anterior jefe de Gobierno y actual ministro de Estado, la Reagrupación Nacional Democrática (RND) de Ahmed Uyahia, actual primer ministro, y el islamista Movimiento Social por la Paz (MSP)de Buguerra Soltani, (en la foto los tres líderes) deben reunirse “en breve” para manifestar su apoyo al “tercer mandato” de Buteflika. El actual presidente ha cumplido ya dos periodos y la alianza que le sostiene, promueve un tercero.

Pero para ello es necesario modificar la Constitución que prevé un máximo de dos mandatos. “La revisión de la Carta Magna”, ha prometido el jefe del Gobierno, “se hará por vía parlamentaria y no por medio de un referéndum”. El único candidato que se ha presentado hasta el momento, el presidente de un minúsculo partido, el FNA, Mussa Tuati, sostiene, sin embargo, que debe recurrirse a la consulta popular, ya que el Parlamento “sufre de falta de legitimidad, al haber sido elegido por un 19% de los votantes”.

Sin embargo, el principal interesado en el tercer mandato, el propio Abdelaziz Buteflika, guarda por ahora silencio. Ha dejado ver su consentimiento pero no lo ha proclamado abiertamente. Deja así planear el misterio sobre la próxima pugna por la primera magistratura del Estado, a pesar de gozar del apoyo y reconocimiento internacional por parte de Francia y España, principalmente.

Ausencia de candidatos
No se habla aún de candidatos oficiales. Según afirman sus seguidores, el presidente de la Reagrupación por la Cultura y la Democracia (RCD), muy fuerte en la región beréber de la Cabilia, se presentará en nombre de su formación. El doctor Saadi, que califica el tercer mandato como un “golpe de fuerza contra la Constitución”, ha viajado a Francia y a Estados Unidos para reclamar el envío de observadores. Sería la primera vez que el régimen argelino los acepta. Igualmente se evoca la posibilidad de que el general retirado y ex presidente Liamin Zerual vuelva a aspirar a la Jefatura del Estado.

En Argelia, según indica la tradición, el candidato destinado a ocupar la Presidencia debe gozar del apoyo del alto mando militar. El secreto “Consejo de Defensa”, que reúne los cuatro mandos del Estado Mayor de la Defensa más el jefe de la inteligencia militar y el del contraespionaje, designan el candidato, aprobado después por el Alto Consejo de Seguridad, en el que, además de la cúpula militar, entran civiles, como el primer ministro y el presidente en funciones. Personalidades como el general Larbi Beljeir, alejado del primer plano de actualidad tras ser nombrado embajador en Marruecos, también participa en el ágora de los decisores.

La ambigüedad sobre las próximas elecciones y la repetición de la candidatura de Abdelaziz Buteflika, hacen temer confrontaciones y rivalidades en la cumbre del poder. En efecto, hace un año, se convocó “con carácter de urgencia” el Alto Consejo de Seguridad de Argelia, compuesto por el primer ministro, el ministro del Interior, el jefe de Estado Mayor y el jefe de la seguridad militar, y presidido por Buteflika. En principio, este organismo sólo debe reunirse cuando se produce “un vacío de poder”, como ocurrió en 1992 cuando tras la dimisión del presidente Chadli Benyedid el país se vio confrontado a un probable triunfo electoral del Frente Islámico de Salvación en las elecciones. Los insistentes rumores sobre la mala salud de Buteflika, quizás precipitaron la reunión del citado organismo.

Clima degradado
La precampaña, aún no comenzada, coincide con un artículo de opinión publicado en el influyente cotidiano El Watan, que relata “la ineluctable regresión hacia lo desconocido”, que se está produciendo en el país. Su autor, Arezki Ait Larbi, denuncia “la inquisición de los jueces islámicos” que llevan ante los tribunales a gente detenida por comer en horas prohibidas durante el pasado mes de Ramadán, o a jóvenes sorprendidos en flagrante delito de besarse en público o a otros argelinos que se declaran cristianos, “insultando la fe de los musulmanes”.

Para el autor del implacable alegato sobre la corrupción que mina las instituciones republicanas y la decadencia de la vida política reducida a obediencias clánicas y complicidades tribales, “sea con Buteflika, a quien se le otorgaría un nuevo alquiler, o con su sucesor, sacado de la chistera de los prestidigitadores militares, no se debe esperar ningún milagro del próximo escrutinio presidencial”.

El fantasma del pasado sangriento de los años 90 en Argelia pesa, sin embargo, sobre los comicios electorales. Está en gestación un “Colectivo contra la impunidad”, destinado a llevar al banquillo de los acusados en algún tribunal internacional, a los responsables de los “crímenes contra la humanidad” cometidos en Argelia, asesinatos, toturas y desapariciones, reconocidos por el régimen. Uno de sus promotores, el excapitán Hichem Aboud, refugiado en Francia y autor del libro “La mafia de los generales”, ha declarado a El Imparcial, que su objetivo con esta iniciativa es “defender las instituciones republicanas, defender el buen nombre del Ejército, pero condenar a la banda de generales ladrones y mafiosos responsables, lo mismo que a los terroristas que los hayan perpetrado”.



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